Aparte de la columna analizada en la primera entrega, el mismo académico de la RAE, Arturo Pérez-Reverte, miembro de esta «artillería de «expertos» racistas/sexistas epistémicos en Occidente» que «habla con autoridad sobre el islam, sin un conocimiento serio de la tradición islámica», a los que se refiere Grosfoguel (2011: 353-354), se vale del invento islamófobo de la mujer musulmana con hiyab del que habla Adlbi Sibai (2016; 2012: 63) construido tanto, por un lado, para invisibilizar los intereses geoestratégicos y económicos de Occidente y su responsabilidad directa en la perpetuación de las crisis, guerras y hambrunas que perjudicarán el desarrollo de los derechos y libertades de todos los individuos de la sociedad (empezando por las mujeres afganas asesinadas y violadas en parte debido al ascenso de los mujahidin gracias al apoyo logístico y armamentístico estadounidense) como, por otra parte, para proyectar la imagen de salvaje en el espejo que devuelve automáticamente la imagen contraria de una mujer occidental libre, liberal y liberada (dibujo que oculta la subalternización real de esta última). Tomemos algunos fragmentos de la deyección de Pérez-Reverte en la que, recreando ese constructo, carga, a través de su columna Patente de corso para XL Semanal (publicación del grupo Vocento), contra lo que considera, de acuerdo con su título, “Maestras con hiyab y otros disparates” (5-11/III/2017)1:
en poco tiempo esas profesoras con la cabeza cubierta estarán dando clase a niños pequeños de ambos sexos. También a niños no musulmanes, y eso en colegios públicos, pagados por ustedes y yo. O sea, que esas profesoras estarán mostrándose ante sus alumnos, con deliberada naturalidad, llevando en la cabeza un símbolo inequívoco de sumisión y de opresión del hombre sobre la mujer –y no me digan que es un acto de libertad, porque me parto–. Un símbolo religioso, ojo al dato, en esas aulas de las que, por fortuna y no con facilidad, quedaron desterrados hace tiempo los crucifijos. […] incluida, claro, la visión que esos jovencitos tendrán sobre los valores de la cultura occidental, desde los filósofos griegos, la democracia, el Humanismo, la Ilustración y los derechos y libertades del Hombre –que el Islam ignora con triste frecuencia–, hasta las más avanzadas ideas del presente.
Lo de las profesoras con velo […] Es contradecir un progreso y una modernidad fundamentales, a los que ahora renunciamos en nombre de los complejos, el buenismo, la cobardía o la estupidez. Como esos estólidos fantoches que, cada aniversario de la toma de Granada, afirman que España sería mejor de haberse mantenido musulmana.
Y mientras tanto, oh prodigio, las feministas más ultrarradicales, tan propensas a chorradas, callan en todo esto como meretrices –viejo dicho popular, no cosa mía– o como tumbas, que suena menos machista.
Encontramos, pues, un perfecto compendio de islamofobia de género en el que, efectivamente, se devuelve al ilustrado y moderno Occidente la imagen del salvaje y retrógrado Islam infantilizando a las mujeres como si necesitaran que les enseñaran a quitarse el velo. “Atacados por todas partes, suscitando odios en los cuatro puntos cardinales del planeta, arrinconados para que justifiquen sus conquistas, socavados por resistencias multiformes y, sobre todo, por las luchas de independencia, confrontados con su fealdad intrínseca y con lo que ustedes consideran el paroxismo de su locura –el nazismo–,” los ideólogos euroccidentalistas se han tenido que dotar de un aparato político-ideológico que es “el sistema inmune blanco” y en el que “Innumerables anticuerpos han sido, así, secretados. Entre ellos el humanismo y el monopolio de lo ético” (Bouteldja, 2017: 43). Suponemos que en su estereotipo, Pérez-Reverte englobará (condenará) a la galardonada como Mejor Profesora del Mundo 2006, la palestina Hanan al-Hroub, ganadora, en competición con otras/os 8000 docentes, del premio considerado como el «Nobel de la enseñanza», maestra con hiyab en una escuela pública a las afueras de Ramala, dedicada a la docencia después de que soldados israelíes dispararan a su marido y a dos de sus hijas, y quien al terminar la secundaria no pudo cumplir con su sueño de ir a la universidad ya que durante la primera Intifada (1987-1993) todos los centros universitarios en Palestina tuvieron que cerrar sus puertas. La profesora fue elegida por el jurado después de que participara en una sesión práctica en la que mostró su método para «jugar y aprender» desarrollado durante su experiencia con alumnado entre seis y diez años que viven en un ambiente de violencia endémica para que en su «clase reine la paz, la armonía y la seguridad» (Eldiario.es, 20/III/20162).
Como puede esperarse, la incoherencia del novelista best-seller le permite perfectamente encontrar en el hiyab un «símbolo inequívoco de sumisión y de opresión del hombre sobre la mujer» al tiempo que se vale precisamente de uno de ellos cuando invisibiliza a esta última al exaltar, en su expresión verbal de lenguaje no inclusivo, «los derechos y libertades del Hombre» (con mayúsculas) y rescata (tirando la piedra y escondiendo la mano con la aclaración «no cosa mía») refranes con fuerte impronta patriarcal y putófoba («callan en todo esto como meretrices») en su alegato antifeminista.
La prenda en cuestión fue el desencadenante de una ola de protestas en Irán cuando el 13 de septiembre de 2022 la mujer iraní de origen kurdo Mahsa Amini, de 22 años, fue detenida en Teherán por la Patrulla de orientación del Gobierno iraní por no usar el hiyab de acuerdo con las normas obligatorias. Amini murió el 16 de septiembre en un hospital de la capital. Mientras las autoridades afirmaron que sufrió un infarto y entró en coma, los testigos afirman que fue víctima de la brutalidad policial y año y medio después un informe del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas concluyó que la muerte de Amini fue causada por la violencia física que sufrió mientras estaba bajo custodia policial3. Casi tres semanas después, 50 mujeres francesas famosas se cortaron el pelo de modo simbólico y lo grabaron en un vídeo difundido en redes sociales, en apoyo de las protestas de “Las mujeres, las más castigadas por el régimen de los ayatolás”, tal como lo narró El País (Elpais.com, 7/X/2022)4, en un contexto informativo occidental de denuncia del sistema político y el Gobierno iraní en su conjunto. Pero no está de más poner el foco en “la indiferencia cuasi total de esa élite frente al patriarcado blanco que estructura la sociedad francesa, y determina la vida de millones de mujeres. Y, sin embargo, todos los índices muestran que la condición de las mujeres francesas se degrada (violaciones, violencias conyugales, cortes salariales, explotación del cuerpo femenino con fines comerciales…). Luego, hacen fila para denunciar radicalmente las violencias cometidas a mujeres […] cuando el autor es negro o árabe”, sin cuestionarse sus causas u orígenes, en referencia a los suburbios de las ciudades francesas, pero que se podría aplicar aquí perfectamente a las denuncias contra un país de cultura árabe (aunque no sea propiamente árabe) como Irán. “Vean a todos esos falócratas blancos que se descubren feministas” cuando aparece la violencia en contextos foráneos y “manifiestan una solidaridad de clase, casi unánime, para apoyar a Dominique Strauss Kahn”, exministro de Economía francés y exdirector gerente del Fondo Monetario Internacional protagonista de varias denuncias por abuso sexual y violación, “y encontrar las más extravagantes circunstancias que atenúen el caso. Esa élite es una con su machismo: se refiere a la violación blanca con eufemismos, siembra confusión, adrede, entre la violación y el libertinaje, e ignora toda forma de compasión frente a las víctimas cuando el autor es blanco y de las altas esferas” (Bouteldja, op. cit.: 72). Del mismo modo, a Pérez-Reverte le falta tiempo para denunciar la opresión de la mujer en tierras remotas pero no tiene ningún empacho en ejercer sobre las mujeres su violencia simbólica.
Que quien realiza el presente análisis defienda el obvio derecho de las mujeres a vestirse y usar el atuendo que estimen oportuno sin coerciones de ninguna instancia moral o política en cualquier parte del mundo no implica, sin embargo, que en virtud de dicho análisis de los mensajes que los medios occidentales difundieron por aquellas fechas no se puedan considerar necesarias una serie de matizaciones, empezando por el citado enunciado no oracional de El País de “Las mujeres, las más castigadas por el régimen de los ayatolás”. “«Irán era un país liberal. A las mujeres se les permitía vestir lo que querían», cuenta […] Rana Rahimpour, presentadora iraní-británica del servicio persa de la BBC”, a pesar de que más adelante la periodista “Haleh Esfandiari, autora de Reconstructed Lives: Women and Iran’s Islamic Revolution (Vidas reconstruidas: las mujeres y la Revolución Islámica de Irán)” nos dice que «El velo no se abolió oficialmente en Irán hasta 1936, durante la era de Reza Shah Pahlaví, el padre del Irán moderno», indicó la autora, explicando que “«fue sin duda una victoria para las mujeres, pero también una tragedia, porque se les quitó el derecho a elegir, tal como sucedió durante la República Islámica cuando se reintrodujo oficialmente el velo en 1979»”, ya que “Muchas mujeres «se vieron obligadas a abandonar el velo y salir a la calle sintiéndose humilladas y expuestas»” (Bbc.com, 25/IX/2022)5. “Del viernes negro de 1978 a la vida oscura: cómo la revolución islámica cambió Irán” es el titular de Elconfidencial.com (8/IX/2019)6. “Cómo era la vida en Irán antes de la Revolución Islámica: «Era un país absolutamente libre donde las mujeres éramos activas en la sociedad»”, resume el titular de Ondacero.es (8/X/2022)7 sobre una entrevista a “Nilufar Saberi, activista iraní en España”.
Sin embargo, tales presentaciones propias de lo que se ha denominado información binaria (Reig García, 1994) resultan problemáticas si tomamos en cuenta algunos datos, ya que según el director del Instituto de Investigación y Planificación de la Educación Superior de Irán, Ali Baqer Taheri-Nia, la población de estudiantes mujeres en las universidades iraníes se ha multiplicado por 56 desde 1978. En cuanto a la comparación de los niveles educativos, el mayor aumento de la población estudiantil iraní se relaciona con los doctorados y las maestrías. Esto es, la educación de posgrado ha experimentado un crecimiento mucho más significativo durante las últimas cuatro décadas, ya que el número de universidades en Irán que podían aceptar estudiantes de posgrado era reducido antes de 19788. Y en lo relativo a las mujeres las “imágenes sombrías” proporcionadas en buena medida por los grandes medios occidentales “oscurecen lo que, en muchos sentidos, constituye una notable elevación de la posición de las mujeres desde la Revolución de 1979” porque, de hecho, “En ningún otro ámbito esto se ha sentido con mayor intensidad que en el sector de la educación superior”. Veamos algunas cifras: “En 1975, tan solo cuatro años antes de la Revolución, menos del 30% de las mujeres iraníes sabían leer y escribir.” Sin embargo, en 2015, esa cifra superaba el 80%, casi igualando la alfabetización masculina. En 1977, el país contaba con 16 universidades con 154.000 estudiantes de grado, mientras hoy día en Irán hay 51 universidades estatales y, potencialmente, hasta 354 instituciones privadas de educación superior, lo que ha incrementado el número de estudiantes matriculados de 1,3 millones en 1999 a 4,7 millones en 2014. Durante la última década, las mujeres en instituciones de educación superior han constituido al menos el 50% de la población, y el 60% de quienes aprobaron el examen nacional de acceso a la universidad fueron mujeres”. Es cierto que “con el país experimentando niveles récord de desempleo, se estima que más del 40% de los iraníes con estudios universitarios no encuentran trabajo tras graduarse” y que el problema afecta especialmente “a las mujeres jóvenes, donde las normas culturales, aunque desvanecientes pero aún persistentes, sobre el rol de la mujer en el hogar siguen representando un obstáculo adicional para su participación activa en el ámbito laboral”, de tal modo que al convertirse la educación para las mujeres en un importante factor social para mejorar sus posibilidades de matrimonio, y considerarse que las mujeres con un alto nivel educativo tienen una mejor posición social que aquellas con un nivel nulo o inferior, “la certeza de que un buen título de una institución prestigiosa mejoraría o consolidaría su posición social era un cálculo muy real para muchas de las jóvenes” a la hora de encontrar marido, de tal suerte que esto conduce al dilema de que “una buena educación eleva el estatus social de la mujer, cerrando así ciertas vías de empleo que se perciben como «inferiores» a su nueva posición”, con el consiguiente “doble peligro” derivado de que “ya que las carreras disponibles se limitan aún más con cada título adicional que obtienen”, de modo irónico “la presión social puede significar que una mujer con un nivel educativo excepcional tenga opciones profesionales tan limitadas como las que no tienen ninguna”. Siendo todo esto real, empero, y como estamos viendo, el retrato completo está más cargado de grises que la habitual estampa de blancos y negros del relato occidental (Broadagenda.com.au, 22/VIII/2022)9.
Pero hay algo más. Resulta curioso que este tipo de campañas mediáticas se ceben de manera recurrente en Irán y no se ocupen, por ejemplo, de Arabia Saudí, uno de los países con mayor desigualdad de género del mundo, donde nacer mujer supone venir al mundo con menos derechos que los hombres y vivir bajo un sistema de tutela masculina que controla y limita la libertad y autonomía personal, de tal modo que allí las mujeres no pueden tomar decisiones por su cuenta, sino que es un familiar varón el que decide en representación suya, normalmente el padre o el marido. Necesitan su permiso para cuestiones tan sencillas como iniciar determinados estudios, vivir solas, casarse, acceder a ciertos tratamientos médicos o incluso salir de la cárcel, y desobedecer a su guardián puede ser motivo de sanciones. Solo desde 2015 tienen derecho a voto, solo desde 2018 pueden crear una empresa sin el permiso del varón y conducir y que puedan acudir a eventos deportivos o culturales sin segregación por sexo es también una conquista reciente. Respecto a los espacios, la mayoría de universidades, bancos y edificios públicos aún tienen entradas diferenciadas para mujeres y hombres, así como las playas, los parques, espacios de ocio como piscinas o gimnasios cuentan con zonas separadas para ambos sexos. En cuanto a las víctimas de maltrato o abuso, una mujer que decida abandonar el hogar familiar por ese motivo puede ser denunciada por desobediencia por su guardián y acabará detenida o recluida en un centro de acogida del que sólo podrá salir con la firma de su guardián, a quien sólo se le pedirá un juramento de que no va a hacerle daño. En lo relativo al matrimonio, las mujeres saudíes no pueden elegir pareja ni casarse sin el permiso de su padre o tutor, produciéndose todavía matrimonios concertados en los que la mujer es forzada a casarse, aparte de tener que apelar al consentimiento del marido para divorciarse. Además, las mujeres que intentan huir del hogar tras sufrir abusos pueden ser detenidas y devueltas a sus familias, de manera que si huyen y buscan protección en un refugio necesitarán también el permiso de su “guardián” para poder abandonarlo. Y, por supuesto, en lo relativo al atuendo, frente al caso iraní limitado al hiyab, la mayoría de las mujeres en Arabia Saudí tienen que vestir en público una abaya o túnica larga negra hasta los tobillos y un velo para cubrir la cabeza y el pelo que deja al descubierto solo parte del rostro, todo por la obligación de no exhibir ninguna parte de su cuerpo y no mostrar su identidad, lo que es vigilado en los lugares públicos por la policía religiosa del país, la mutawa, siendo penalizadas de diferentes maneras quienes no cumplen la norma10. Ejemplos gráficos de la situación de las mujeres saudíes son: que no pueden ir a ningún lado sin la presencia de un acompañante masculino, que se considera inmoral a una mujer por utilizar un taxi sin la presencia de su tutor, que solo los hombres pueden utilizar el transporte público, que si una mujer es violada y le encuentran con vestimenta ajustada o ropa reveladora automáticamente se la considerará culpable, que el estado recomienda contraer matrimonio a la edad de los 15 años aunque si la mujer es más joven se considerará permisible y que en caso de una denuncia debe estar presente el mahram (figura masculina con la que nunca ella puede casarse debido a su estrecha relación de sangre, principalmente) y solamente él podrá exponer la acusación en su contra mientras la mujer permanece callada sin opinión ni intervención alguna (López Sánchez, Vilaseca García y Serrano Japa, 2021: 29).
A pesar de esta situación humillante, ante el caso saudí, como decimos, la denuncia mediática en general brilla por su ausencia. Y es aquí donde hay que acudir al terreno de la geopolítica, porque Arabia Saudí ha sido un aliado tradicional de Estados Unidos y su protectorado europeo (notable ha sido el apoyo anglosajón a la dinastía Saud y al wahabismo). Aquí entra en juego la ideología de los derechos humanos, la que nos pide que escribamos cartas o firmemos peticiones (o, en este caso, nos cortemos el cabello difundiéndolo en las redes sociales) para protestar contra las violaciones de esos derechos cometidas en países del llamado Tercer Mundo (eso sí, escogidos muy selectivamente) basándonos en presupuestos implícitos: que las naciones, Estados o entes supraestatales en los que vivimos sean ricos y poderosos (en grado variable) tanto diplomática como militarmente es justo la condición que permite a la llamada opinión pública de nuestros países ejercer presión. Pero esto también significa que no ejercemos nuestra influencia de forma directa, como sería a través de contactos con los ciudadanos de los países contra los que protestamos, sino indirectamente, mediante la acción de nuestros propios gobiernos, que pueden adoptar sanciones económicas o de otro tipo, siendo ese poder gubernamental, que nada tiene de noble o altruista, el que le da fuerza a nuestras protestas. Por otro lado, estas no son oídas principalmente en los países a los que nos dirigimos (como Irán), sino en el nuestro (merced a nuestros medios de comunicación) y por nuestros propios dirigentes, lo que tendríamos que tener como motivo de reflexión prioritario si pretendemos evaluar el probable efecto de nuestras acciones, de tal modo que cada protesta relativa a la violación de los derechos humanos en el extranjero refuerza, aunque sea involuntariamente, la buena conciencia occidental (ya se sabe; en nuestros países, al menos, esos derechos son respetados). Añadamos a ello los problemas relativos a nuestro consumo desproporcionado de los recursos naturales y la consiguiente y creciente dependencia que tenemos de aquellos países cuyas prácticas denunciamos (como el petróleo de Irán, aun siendo una fuente secundaria en Europa), por no hablar de nuestra contribución al calentamiento global. Los dirigentes de los países objeto de nuestras protestas pueden muy bien decir que antes de darles lecciones de derechos humanos y democracia haríamos bien en comenzar a reformar nuestros patrones de consumo para darle al resto del mundo la posibilidad de acceder también a ellos, al menos en parte; la respuesta que los defensores del intervencionismo occidental podrían darles dista de ser evidente (Bricmont, 2008).
La Unión Europea (y más aún tras las consecuencias del estallido abierto de la guerra de Ucrania de 2022) es “el nuevo y rico”, aunque cada vez menos, “«patio trasero» de EE.UU.”, y una entidad que “ha terminado convertida en un galimatías dominado en lo económico por Alemania, en lo militar por EE.UU. y en lo político por algún acuerdo no escrito entre Alemania y EE.UU.” (Zamora Rodríguez, 2018: 364). Y se da la circunstancia de que Estados Unidos hace tiempo que eligió como potencia rival regional a Irán de acuerdo con la doctrina de los ideólogos del think tank Proyecto para un Nuevo Siglo Americano (op. cit.: 149-150). Tal como recoge el documento Win in a Complex World: 2020-2040 de 2014, Irán es visto como una “amenaza para los intereses estadounidenses y aliados en la región [Medio Oriente] […] para erosionar y suplantar el poder estadounidense […]. La actividad iraní tiene el potencial de socavar las metas regionales de EE.UU. a medida que continúa confrontándolo indirectamente en varios frentes. Las Fuerzas Armadas combinadas de Irán ponen de relieve la necesidad de las fuerzas del Ejército” de Estados Unidos “de mantener su eficacia contra las fuerzas de campaña de los Estados nacionales, así como de las redes guerrilleras y las organizaciones insurgentes” (cit. en ibid.: 155-156). “La revolución iraní es antioccidental y antiimperialista, y asusta terriblemente a EE.UU., Europa, Israel y las petromonarquías”, razón por la cual, entre otros movimientos, estos últimos países armaron y financiaron al Irak de Sadam Husein para que atacara a Irán en 1980 dando lugar a una guerra desangrante de ocho años pero que erige a Irán como poder militar de primer orden y país avanzado científica, técnica e industrialmente como efecto paradójico del bloqueo a que le somete la OTAN y como blanco principal del boicot y sanciones del tándem Israel-EE.UU. en virtud de su programa nuclear, para evitar que Irán también consiga desarrollar armas atómicas (ibid.: 170-172). Ya dijo el canciller alemán Friedrich Merz en una entrevista con la televisión pública alemana, en medio de una serie de ataques aéreos cruzados entre Israel e Irán iniciados por el primero, que “Israel hace el trabajo sucio por todos nosotros. […] Nos enfrentamos a un régimen de terror. Estaría bien si llegase a su final” (Eldiario.es, 27/V/2025)11. Y ya dijo el general retirado del ejército de Estados Unidos y excomandante supremo de la OTAN Wesley Clark que tras una reunión con el secretario de Defensa estadounidense Donald Rumsfeld tuvo conocimiento por parte de un alto mando militar de que a los pocos días de los atentados del 11-S de 2001 ya se había decidido invadir siete países de África y Oriente Medio en cinco años, de los cuales la joya de la corona que caería en último lugar debía ser Irán12.
En este punto clave nos encontramos.
Por Manuel Rodríguez Illana.
REFERENCIAS
ADLBI SIBAI, Sirin (2016): La cárcel del feminismo. Hacia un pensamiento islámico decolonial. Madrid: Akal.
BOUTELDJA, Houria (2017): Los blancos, los judíos y nosotros. Hacia una política del amor revolucionario. Madrid: Akal.
BRICMONT, Jean (2008): Imperialismo humanitario. El uso de los Derechos Humanos para vender la guerra. Barcelona: El Viejo Topo.
GROSFOGUEL, Ramón (2011): “Racismo epistémico, islamofobia epistémica y ciencias sociales coloniales”, Tabula Rasa, 14, pp. 341-355, enero-junio 2011. http://www.revistatabularasa.org/numero-14/15grosfoguel.pdf.
LÓPEZ SÁNCHEZ, Clara; VILASECA GARCÍA, Carol y SERRANO JAPA, Jazmín (2021): “Las políticas de igualdad en España, Arabia Saudita y Túnez. Breve comparativa entre ellas”, Revista europea de historia de las ideas políticas y de las instituciones públicas, 16, 27-35. file:///Users/usuario1/Downloads/Dialnet-LasPoliticasDeIgualdadEnEspanaArabiaSauditaYTunezB-8446371.pdf.
REIG GARCÍA, Ramón (1994): La información binaria (Emotividad y simplicidad en el periodismo). Sevilla: Gallo de Vidrio.
ZAMORA RODRÍGUEZ, Augusto (2018): Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos. Madrid: Akal.
NOTAS
1http://www.xlsemanal.com/firmas/20170305/perez-reverte-maestras-hiyab-otros-disparates.html
2http://www.eldiario.es/theguardian/mejor-profesora-mundo-palestina_0_496250391.html
3 https://www.ohchr.org/en/press-releases/2024/03/iran-institutional-discrimination-against-women-and-girls-enabled-human
4 https://elpais.com/gente/2022-10-07/juliette-binoche-explica-por-que-se-corto-el-pelo-en-favor-de-las-iranies-los-artistas-somos-vehiculos-para-concienciar-a-la-opinion-publica.html
5 https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-63015281
6 https://www.elconfidencial.com/mundo/2019-09-08/iran-aniversario-viernes-negro1978-revolucion-islamica_2213927/
7 https://www.ondacero.es/programas/por-fin-no-es-lunes/podcast/entrevistas/como-era-vida-iran-antes-revolucion-islamista-era-pais-absolutamente-libre-donde-mujeres-eramos-activas-sociedad-todos-niveles_202210086341469b3f71ce000148f5ef.html
8 https://womenrightful.com/en/surge-in-female-university-enrollment-in-iran/?fbclid=IwY2xjawLZq5lleHRuA2FlbQIxMQABHoN_2H4I9ykhGbPaxA-fj4dqZN95BwBPsyGmkwfsbQmtlCJ8WQK6DYVij9eG_aem_Nq4ZOe7M2aCbFxkZax5KLQ&sfnsn=scwspwa
9 https://www.broadagenda.com.au/2018/beyond-stereotypes-success-failure-and-the-complexity-of-womens-education-in-iran/?fbclid=IwY2xjawLZq3pleHRuA2FlbQIxMQABHuSK4Hz3oiQhkD0W_lgENxwhUHk0hRUu96aZOpNcz2nO2tduUz3D-4WsjKHz_aem_sgFpvT9N_aw7edFmyUvbbg
10 https://amnistia.org.mx/contenido/index.php/cinco-cosas-que-son-delito-si-eres-mujer-en-arabia-saudi/#:~:text=Desde%20que%20nacen%20y%20a%20lo,a%20d%C3%ADa%20en%20Arabia%20Saud%C3%AD.
11 https://www.eldiario.es/internacional/acuerdo-nuclear-iran-trabajo-sucio-salidas-tono-merz-quiebran-credibilidad-alemania-oriente-medio_129_12408558.html



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