José Félix Ramajo, extrabajador de la empresa israelí1 International Security Academy2 y tertuliano de Horizonte de Cuatro, se expresó con total crudeza en dicho programa presentado y dirigido por el periodista Iker Jiménez (Cuatro.com, 19/IX/2024)3, al hilo de los ataques atribuidos al servicio secreto israelí contra la milicia libanesa Hizbulá, apoyada por Irán, a la que calificó como “la mayor organización terrorista del mundo”4. El tertuliano opinó que “Israel no es un país genocida; es un país libre, democrático y que defiende a sus ciudadanos, cosa que los otros no lo son [sic]. Estamos hablando de países que son terroristas y que no protegen a sus ciudadanos”5. Más adelante fue menos diplomático: “Yo siempre apoyaré al Estado de Israel porque es un país, y estoy seguro de que es un país democrático y libre, y todo lo que hay alrededor de ese Israel no es ni democrático ni libre; son puros terroristas, basura humana y que para mí debería ser exterminada”6. Ni el presentador ni la copresentadora, Carmen Porter, ni el resto de tertulianos realizaron comentario alguno sobre lo dicho, algo poco digno de sorpresa dado el decidido papel de difusión de ideología de extrema derecha por el que se ha venido distinguiendo cada vez más el programa de Jiménez. En cualquier caso aquí encontramos la doctrina adoptada tras el 11-S de 2001 y que, tal como indicamos al final de la entrega anterior, reveló haber oído el militar norteamericano Wesley Clark tras una reunión con el entonces secretario de Defensa Donald Rumsfeld y que consistía en invadir siete países de África y Oriente Medio en cinco años, de los cuales el último en caer sería Irán7.
Y es que, aunque pueda parecer incoherente a primera vista, el Estado de Israel, enemigo declarado de Irán, ha establecido en los últimos lustros una alianza estratégica con los movimientos europeos de extrema derecha. Hay que tener en cuenta, para empezar, que “las formas posibles del fascismo en el siglo XXI no pueden ser la reproducción mecánica de los modelos disponibles en la Europa de entreguerras” y, aunque la marcada xenofobia continúe siendo un rasgo común de las derechas neo- o post- fascistas, su discurso racista ha cambiado de forma y víctima, de tal modo que “El inmigrante musulmán se coloca hoy en el centro de la construcción de una alteridad negativa que adopta la forma del enemigo interno de las naciones aun si las más de las veces se trata de individuos que desde hace tres generaciones son ya franceses, italianos, alemanes, etc.” (Ramírez Gallegos, 2019: 34-35). En muchos casos los discursos de los actuales neofascismos del presente siglo, de hecho, pueden hasta rechazar al nacionalsocialismo, lo cual es comprensible porque “La universalización de la Shoá” u holocausto judío a manos de los nazis “gracias al cine”, principalmente el de Hollywood, “ha hecho que en muchos casos su memoria sea un objeto banal de consumo”, lo que “facilita su apropiación por todo tipo de movimientos, también neofascistas, y la neutralización del potencial pedagógico y de prevención del odio que comporta rememorar ese episodio”. Esto ha llevado a que varios líderes de extrema derecha hayan establecido las citadas alianzas con la derecha israelí o el gobierno de Netanyahu compartiendo su islamofobia y bajo una configuración doctrinal que, al contrario que los nacionalismos del siglo XIX y los autoritarismos del XX, miran esta vez al pasado, un tiempo pretérito idealizado, naturalmente falso, en el que supuestamente hubo homogeneidad étnica y paz social, y que habría desaparecido por culpa de la irrupción de los nuevos enemigos: inimigrantes (principalmente musulmanes) que cambian el paisaje humano de pueblos y ciudades, feministas y militantes de izquierda que rompen consensos opresores pero aceptados durante décadas y pobres que estropean la imagen pacífica del espacio público generada por los medios de comunicación. Sus discursos construyen temor, estereotipos y falsas noticias que, como hace un siglo, inventan nuevos enemigos que ocultan los conflictos socioeconómicos. No debe olvidarse que “La uniformidad es, por tanto, una invención de los movimientos ultras que hunde sus raíces en los nacionalismos de los siglos XIX y XX” (Aragoneses, 2019: 134-135). Por cierto, en cuanto a la comentada banalización del holocausto, y nunca está de más recordarlo, “Existe un riesgo al atribuir singularidad al genocidio nazi” sobre los judíos ya que “Hay que hacerles justicia a los gitanos, a los homosexuales, a los soviéticos, a los comunistas, que perecieron al lado” de ellos, “así como es urgente reconocer una de las filiaciones del nazismo: la trata atlántica y el colonialismo” (Bouteldja, 2017: 59-60).
De tal modo, el racismo cultural y la islamofobia son fundamentales como nuevo elemento común entre el sionismo y la ultraderecha internacional. Los líderes israelíes han percibido que el cambio de Europa hacia la extrema derecha es irrevocable y buscan beneficiarse, contrarrestando la presión contra Israel por el genocidio palestino, del sentimiento antimusulmán que acompaña a este cambio. Así, por ejemplo, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, destacado instigador del ataque estadounidense a Irán, usó los atentados de la redacción de Charlie Hebdo en París en 2015 para pedir ayuda a Europa en lo que llamó “lucha contra el terror islámico” en los territorios palestinos ocupados comparando a Hamás (que condenó sin matices el atentado) con los atacantes en Francia (Basallote Marín, 2022: 266). En esta alianza entre sionismo y ultraderecha no podemos dejar de lado la financiación de la segunda por parte del primero, y el caso español es paradigmático. Que según la lista elaborada por el lobby israelí-europeo European Coalition for Israel Vox sea el partido de toda la Unión Europea que más defiende los postulados de Israel no es casual. El exportavoz de Vox en el Congreso Iván Espinosa de los Monteros admitió que la campaña electoral de su partido para las elecciones europeas de 2014 fue financiada en un 80%, con 971.000 euros en donaciones secretas, lo que facilitó su crecimiento como formación política, por el grupo de presión llamado Consejo Nacional de Resistencia de Irán o CNRI, con el que estuvo vinculado el cofundador de Vox Alejo Vidal-Qadras. El CNRI está realmente controlado por el MEK u Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán, cuyo objetivo es derrocar a la República Islámica de Irán, el mayor enemigo de Israel. Este lobby tiene tanta influencia en Vox que propició que el historiador y escritor Fernando Paz, quien fuera cabeza de lista por Vox en Albacete, renunciara a su puesto en realidad por su visión crítica sobre el sionismo y el holocausto. El MEK tiene una larga trayectoria de actividades de lobby, especialmente en Washington, donde entre los asistentes habituales a sus eventos se encuentran ex embajador de EE.UU. ante la ONU Bill Richardson, el ex candidato demócrata a la presidencia Howard Dean, el ya mencionado antiguo comandante supremo de la OTAN Wesley Clark y el ex alcalde de Nueva York y abogado de Donald Trump, Rudy Giuliani. Pero volviendo a la influencia israelí sobre la ultraderecha parlamentaria española, Rafael Bardají, quien en 2018 se incorporó al partido y es considerado como su ideólogo, fue impulsor durante septiembre de 2010 del registro de la fundación sionista Friends of Israel Initiative (FOII), cuyo objetivo es “buscar contrarrestar los intentos de deslegitimar al Estado de Israel y su derecho a vivir en paz dentro de fronteras seguras y defendibles”. Y no podemos dejar de nombrar al factótum David Hatchwell, muy influyente entre la élite política y económica española, que cofundó en 2004 ACOM (Asociación y Comunicación sobre Oriente Medio), “organización española, aconfesional e independiente que refuerza la relación entre España e Israel a través del trabajo conjunto con el gobierno, los partidos políticos y la sociedad civil”, y fundó también en 2016 la Fundación Hispano Judía, la cual mantiene relación con figuras relevantes de México, Argentina, Panamá, Israel y Nueva York. El propio David Hatchwell ha afirmado que tiene “el gusto de conocer personalmente” a Santiago Abascal (presidente y uno de los fundadores de Vox), el mentado Iván Espinosa de los Monteros (que desempeñó las funciones de secretario general y vicesecretario de Relaciones Internacionales del partido) y Rocío Monasterio (exdiputada en la Asamblea de Madrid). En 2020, Espinosa de los Monteros y Abascal también mantuvieron una reunión con Ángel Mas, presidente de ACOM. El propio eurodiputado de Vox Juan Carlos Girauta en su declaración de intereses privados como eurodiputado informó de que cobraba 1.000 euros mensuales por parte de ACOM y 2.000 euros al mes por parte de la Fundación Hispanojudía. En 2021 ACOM pidió públicamente que el asesor del político de Vox Ignacio Garriga, Jordi de la Fuente, dimitiera por su pasado neonazi militando en organizaciones críticas con el sionismo (Ruiz, 2024). El partido ultraderechista español tiene un decálogo publicado en su web titulado “VOX, Israel y Oriente Medio” donde elogia la “democracia israelí” y su lucha contra el “fundamentalismo islámico” y su habitual discurso de “lucha contra el islam” en líderes del partido, condenando las campañas de boicot a Israel del movimiento BDS y señalando que “los lazos con Israel deben profundizarse en todos los ámbitos”, marca una línea clara similar al de partidos análogos en Europa (Basallote Marín, op. cit.).
Cada vez que en las noticias se aplica la palabra «yihad» para referirse a actos terroristas o guerra santa debemos no perder de vista que “de las 33 ocasiones en que aparece la raíz Y-H-D en el Corán –raíz de la palabra yihad–, ni una sola es traducible como Guerra Santa, ni siquiera como guerra. […] Traducir del Corán yihad –esforzado compromiso del creyente– como Guerra Santa sería parecido a traducir el pasaje evangélico «que tome su cruz y me siga» como «¡que vayan a las Cruzadas!». Es decir: “Es evidente que las Cruzadas y el Yihad existen como realidades palpables y equivalentes, pero ninguno de los dos emana de requerimientos de Libro sagrado alguno”, sino que son aportaciones medievales; en el caso de la islámica (no coránica), surgida de la necesidad de argumentar religiosamente una cohesión militar o, dicho de otro modo, de amoldarse el espacio islámico inicial al nuevo tamaño de un sujeto sobredimensionado (González Ferrín, 2007: 153).
Pero aunque paradójicamente, o precisamente por eso, la islamofobia identifique lo musulmán con la violencia y el terrorismo, las relaciones entre la oligarquía corporativa occidental y los grupos musulmanes extremistas atesora un largo recorrido de vínculos simbióticos, más allá del discurso oficial de unos y otros. De hecho, es el establishment occidental y especialmente anglosajón el que ha contribuido a la radicalización del mundo musulmán a lo largo de la historia, desde Reagan en Afganistán a Eisenhower en Arabia Saudí. Durante la Guerra Fría, la élite de EE.UU. pensó que podría derrotar a los comunistas apoyando el crecimiento de las economías capitalistas al efecto de que sus clases trabajadoras no se pasasen al bando comunista, pero la base de aquello era el petróleo barato, por lo que Estados Unidos no podía correr el riesgo de perder Oriente Medio a manos de los soviéticos. Los responsables políticos estadounidenses pensaron que sería un desastre que los pueblos de Oriente Medio se secularizaran, porque dejarían de creer en Dios y abrazarían el materialismo ateo reorientándose hacia la URSS. Todo esto sucedió en un momento de auge del nacionalismo árabe (en Egipto, Abdel Nasser había conseguido por fin expulsar a los británicos), que, aunque no era del todo progresista, se inclinaba hacia la Unión Soviética, lo que llevó a EE.UU. a situarlo en la categoría de izquierda y ponerse como objetivo derrotarlo apoyando decididamente al islam político, que era anticomunista y partidario del libre mercado, como alternativa (en Egipto fue el movimiento fundamentalista de los Hermanos Musulmanes el que se opuso a las nacionalizaciones de Nasser). “Sería exagerado decir que Reagan creó Al Qaeda, pero no demasiado exagerado”. De hecho quince de los terroristas del 11-S en 2001 eran de Arabia Saudí, país que continúa financiando la expansión del wahabismo por todo el mundo (Cole, 2017) y la exsecretaria de Estado estadounidense y antigua candidata a la presidencia de su país Hillary Clinton era consciente en un correo electrónico a su jefe de campaña, John Podesta, filtrado por la web Wikileaks, de que Arabia Saudí y Qatar ofrecían “apoyo financiero y logístico de forma clandestina” a la organización terrorista Estado Islámico (también conocida por sus siglas en inglés como ISIS). En el correo, fechado el 17 de agosto de 2016, Clinton resaltaba que los gobiernos de estos dos países estaban ayudando también a “otros grupos radicales suníes en la región”, al margen del ISIS (Elconfidencial.com, 11/X/2026)8. Nada nuevo en la amplia nómina de grupos yihadistas apoyados por el Gobierno de Estados Unidos (Lalieu, 2016). Cuatro años y medio antes, el director de Planificación de Políticas del gobierno de Barak Obama, Jake Sullivan, envió una breve declaración a su entonces jefa del Departamento de Estado, Hillary Clinton, en un correo electrónico de febrero de 2012: “Al Qaeda está de nuestro lado en Siria”. Sullivan es uno de los muchos funcionarios que supervisaron la guerra indirecta en Siria durante el gobierno del citado Obama y que luego ocupó un puesto de alto nivel (asesor de seguridad nacional) bajo el gobierno de Biden (Maté, 2022). El 25 de julio de 2016 el fundador de la mencionada web de filtraciones WikiLeaks, Julian Assange, contó que los correos electrónicos de Clinton mostraban que esta ordenó armar a los llamados yihadistas en Siria (Theobjective.com, 2/VIII/2016)9.
No pueden dejar de considerarse las consecuencias tanto internas como externas que los ataques del 11-S tuvieron para Estados Unidos, cuyas élites acudieron a una retórica militarista para capitalizar la agresión y lograr apoyo masivo a su agenda imperial. La vertiente interna incluyó la restricción de los derechos civiles y ciudadanos, el aumento del presupuesto bélico, la militarización de las fronteras, el endurecimiento de la situación de los inmigrantes del Tercer Mundo (con la consiguiente mayor rentabilidad para las empresas), la promoción de miles de millones de dólares en incentivos fiscales para las corporaciones transnacionales y la legitimación de un George W. Bush que en realidad había perdido las elecciones ante su rival Al Gore y había sido electo por mandato de la Corte Suprema. La vertiente externa de la invasión a Afganistán y la promoción de una guerra de larga duración sin enemigos ni objetivos definidos fue controlar las reservas de petróleo al norte de Afganistán y disciplinar la periferia mundial dentro de un programa de recolonización militarista neoliberal estimulando una economía de guerra y el control a través de métodos coercitivos de la periferia interna y externa del sistema-mundo capitalista (Grosfoguel, 2002: 136).
En la trastienda de la islamofobia difundida en lo que se viene denominando Occidente se encuentra el pacto interno consagrado por el establishment estadounidense tras la autodesintegración de la URSS.Terminada la Guerra Fría y con una economía muy dependiente de la producción armamentística, las élites imperiales norteamericanas en un primer momento no lograron establecer un consenso sobre quién sería el nuevo enemigo que justificara mantener el presupuesto militar en más de 300.000 millones de dólares al año. Al principio intentaron definir como nuevo enemigo la guerra contra las drogas y luego procuraron señalar a China como la nueva amenaza, pero ambas estrategias fracasaron al desencadenarse una lucha en el interior del Pentágono entre el ejército y la fuerza aérea en términos de quién tendría prioridad o, lo que es lo mismo, qué sector recibiría el grueso del presupuesto bélico. En la guerra contra las drogas el ejército tendría la prioridad, mientras que en la guerra contra China la fuerza aérea tendría mayor importancia. Esta falta de acuerdo y lucha de facciones al interior del estamento militar quedó resuelta el 11 de septiembre con la definición de una nueva guerra contra el terrorismo y, específicamente, lo que cobra especial importancia para el contenido que aquí venimos desarrollando, contra el mundo islámico. Así, todos los sectores del Pentágono tendrían igual prioridad. La nueva doctrina quedó reflejada en lo ideológico con el famoso Choque de civiliaciones (Clash of Civilizations) escrito a finales del siglo XX por Samuel Huntington, quien vino a ser para las élites estadounidense en el siglo XXI lo que el estratega naval Alfred Mahan había sido, con su propuesta reflejada a finales del siglo XIX de tomar todas las últimas posesiones coloniales del imperio español (la guerra de 1898), para las élites norteamericanas en el siglo XX; esto es, el ideólogo que proveyó una estrategia para constituir su poder hegemónico global (ibid.: 136-137). Obsérvese, por cierto, que un análisis químico a posteriori concluyó “que la capa roja de astillas rojas/grises” descubierta “en el polvo del World Trade Center es un material termítico activo que no ha reaccionado y que incorpora nanotecnología, y es un material pirotécnico altamente energético o explosivo” (Harrit et al, 2009: 29), del mismo tipo que el utilizado por el Pentágono.
Con “la caída de la URSS en 1991, los líderes sionistas y sus aliados conservadores en los Estados Unidos convencieron al ejecutivo norteamericano de que desde ese momento «enfrentaban un enemigo vital mayor: el fundamentalismo islámico»”. Así, “los atentados terroristas del 11-S de 2001 en EE.UU. y la llamada «cruzada mundial» y «guerra contra el terrorismo islámico» proclamada por George Bush hijo, constituyen otro hito clave que marca un recrudecimiento y expansión del recelo y la hostilidad al islam, donde los medios de comunicación jugaron un papel esencial. […] La islamofobia comenzó a azuzarse estratégicamente”, principalmente desde Estados Unidos asociando el racismo tradicional de la arabofobia y el racismo cultural de la acusación de intolerancia religiosa identificado con la islamofobia, instaurando una obsesión constante por explicar todo lo que ocurre en los países musulmanes en función de lo religioso-cultural en detrimento de lo político (Basallote Marín, op. cit.: 265-266).
En un contexto mundial de desanclaje e incertidumbre debido a ladispersión de las grandes instituciones de la sociedad industrial como la banca por mor de las nuevas tecnologías, el control social debe recurrir, una vez más, al miedo, perenne y eficaz recurso de propaganda “y, hoy, de nuevo, la principal función de dominación ideológica del neopopulismo mediático en los fascismos emergentes. Así, por ejemplo, si […] los sóviets y el enemigo rojo han desaparecido, quedan para similar función los musulmanes, con los que Occidente conjura sus contradicciones en forma de Acta Patriótica” (Sierra Caballero, 2019: 171). En esas estamos.
Por Manuel Rodríguez Illana.
REFERENCIAS
ARAGONESES, Alfons (2019): La construcción del enemigo como base del (neo)fascismo. En
BASALLOTE MARÍN, Antonio (2022): “El sionismo y la nueva extrema derecha. Historia de una relaciones y nuevas alianzas”, Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos, 33, 253-278.
BOUTELDJA, Houria (2017): Los blancos, los judíos y nosotros. Hacia una política del amor revolucionario. Madrid: Akal.
COLE, Juan (2017): “Sería exagerado decir que Reagan creó Al Qaeda, pero no demasiado exagerado”. Entrevista de Álvaro Guzmán Bastida para Ctxt, 27/IX/2017. https://ctxt.es/es/20170927/Politica/15203/EEUU-Oriente-medio-Yemen-Arabia-Saudi-ISIS-terrorismo-Afganistan.htm
GONZÁLEZ FERRÍN, Emilio (2007): Historia general de Al Ándalus. Europa entre Oriente y Occidente. Córdoba: Almuzara.
GROSFOGUEL, Ramón (2002): “Colonialidad global y terrorismo antiterrorista”, Nueva Sociedad, 177. https://nuso.org/articulo/colonialidad-global-y-terrorismo-antiterrorista/.
GUAMÁN, Adoración; ARAGONESES, Alfons y MARTÍN, Sebastian (Dirs.), Neofascismo. La bestia neoliberal. Madrid: Siglo XXI.
HARRIT, Nils H.; FARRER, Jeffrey; JONES, Steven E.; RYAN, Kevin R.; LEGGE, Frank M.; FARNSWORTH, Daniel; ROBERTS, Gregg; GOURLEY, James R. y LARSEN, Bradley R. (2009): “Active Thermitic Material Discovered in Dust from the 9/11 World Trade Center Catastrophe”, The Open Chemical Physics Journal, 2, 7-31. https://benthamopenarchives.com/contents/pdf/TOCPJ/TOCPJ-2-7.pdf.
LALIEU, Grégoire (2016): Yihad made in USA. Entrevistas con Mohamed Hassan. Barcelona: El Viejo Topo.
MATÉ, Aaron (2022): “‘Al Qaeda is on our side’: how Obama/Biden team empowered terrorist networks in Syria”, https://mronline.org/2022/04/23/al-qaeda-is-on-our-side/.
RAMÍREZ GALLEGOS, Franklin (2019): La pendiente neoliberal: ¿Neo-fascismo, postfascismo, autoritarismo libertario? En GUAMÁN, Adoración; ARAGONESES, Alfons y MARTÍN, Sebastian (Dirs.), Neofascismo. La bestia neoliberal. Madrid: Siglo XXI.
SIERRA CABALLERO, Francisco (2019): Neofascismo y comunicación. En GUAMÁN, Adoración; ARAGONESES, Alfons y MARTÍN, Sebastian (Dirs.), Neofascismo. La bestia neoliberal. Madrid: Siglo XXI.
NOTAS
1 https://securityacademy.com/about-us/
2 https://www.cuatro.com/personajes/jose-felix-ramajo/
3 https://www.cuatro.com/horizonte/a-la-carta/20240920/horizonte-programa-video_18_013500533.html
4 Minuto 12:20.
5 Minuto 6:00.
6 Minuto 20:00.
7 https://www.youtube.com/watch?v=B-nyuXuCkB8
8 https://www.elconfidencial.com/mundo/2016-10-11/estado-islamico-arabia-saudi-qatar-clinton-wikileaks_1273496/
9 https://theobjective.com/general/2016-08-02/una-empresa-que-hace-negocios-con-isis-financia-la-fundacion-de-hillary-clinton/



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