Andaluzas que escriben sobre Andalucía, el Mediterráneo y el mundo


Andalucía no tiene nada que ganar el 23J

Un ministro del Interior (entonces se llamaba “de gobernación”) durante el gobierno conservador del general Serrano en la I República, Eugenio García Ruiz, escribía a propósito de la atribuida “impresionabilidad rebelde” y la “propensión al comunismo” de Andalucía en estos términos:

El primer mal debe curarse con no dar jamás armas al pueblo andaluz ni ponerle en condiciones de que abuse del derecho de reunión; y el segundo, ilustrándole y haciéndole comprender que, no con repartimientos injustos e irrealizables, sino con la desamortización y otras medidas económicas unidas al lapso del tiempo, irá la tierra a sus manos. (Azcona, 1935: 201)

Lo hacía justo después de la revolución cantonal de 1873 que -hace 150 años- proclamó la independencia de Andalucía un 21 de julio. Un siglo y medio después podemos decir que los consejos del ministro (uno el palo y el otro la zanahoria) para remediar los “males” que sufría nuestro país han sido cumplidos al dedillo por el Estado español y sus fuerzas políticas a sueldo evitando que, al menos en las últimas décadas, esa tendencia rebelde y comunista se manifieste.

En la literatura política de los siglos XIX y XX han sido muy comunes las alusiones a esa propensión andaluza a la rebeldía comunista (quizás Eric Hobsbawm fue el último en hacer esta interpretación en Rebeldes Primitivos). Y, ahora que estamos ante una nueva convocatoria electoral española, se vuelve a evidenciar lo efectiva que ha sido esta doble estrategia aplicada desde Madrid para meter en cintura al Pueblo Trabajador Andaluz.

Sobre el primer consejo (el “palo”) que daba García Ruiz para contener al Pueblo Trabajador Andaluz -“no dar jamás armas al pueblo andaluz ni ponerle en condiciones de que abuse del derecho de reunión”- poco añadiremos que no se sepa. La represión desatada durante todo el siglo XIX y que continuó en el siglo XX ascendió durante la II República (con casos tan lacerantes como Casas Viejas o tan llamativos como Casa Cornelio) para culminar en la guerra y el franquismo. Sería largo dar datos para ilustrar este fenómeno. Basta para comprender la cuestión una reflexión de Gabriel Jackson a propósito de la represión franquista:

Hablando en términos militares, esta campaña del Norte no se caracterizó por la ferocidad que había marcado la guerra en Andalucía. Ni los carlistas ni los nacionalistas vascos fusilaban a sus prisioneros. […] El contraste entre la conducta militar en Andalucía y en el Norte reflejaba sentimientos raciales muy profundos. En, efecto, no es raro que españoles de ideologías más diversas se refieran a los andaluces como gentes inferiores y consideren a los vascos y a los navarros como «lo mejor» de España. En Andalucía, los oficiales de carrera a menudo se comportaron como si estuvieran dedicados a una operación de exterminio químico. (Jackson, 1979: 248)

El segundo consejo (“la zanahoria”) de García Ruiz -“ilustrándole y haciéndole comprender que, no con repartimientos injustos e irrealizables, sino con la desamortización y otras medidas económicas unidas al lapso del tiempo, irá la tierra a sus manos”- es el que se ha aplicado fundamentalmente en el actual Estado neo-franquista español.

Muerto el criminal Franco, la derecha política nominal estaba inhabilitada para conectar con las clases populares andaluzas, que la seguían relacionando en la memoria colectiva con un largo listado de abusos y crímenes. El régimen del 39-78 ha necesitado desde entonces de una autodenominada “izquierda” reformista para engañar al Pueblo Trabajador Andaluz.

El reformismo, que Lenin describía como la “manera que la burguesía tiene de engañar” a la clase obrera (Lenin, 1984: 1), ha estado desde entonces en su máximo esplendor. Su tarea ha sido y sigue siendo la de “ilustrar y hacer comprender” a las andaluzas que deben confiar en el Estado y en “otras medidas económicas” del Estado creado por los explotadores. Y dejar el “lapso del tiempo” que sea necesario.

Para ello se han disfrazado de izquierda -o, en otros casos, de izquierda andaluza-, vendiéndose como “la voz del Pueblo Andaluz”. Y aceptando al Estado español como potencia administradora -aunque sea una intención inconfesable en público-, a su vez aspiran a ser la voz de Madrid ante el Pueblo Trabajador Andaluz.

Como candidatos a ser gestores de la explotación de la Andalucía trabajadora por el Estado español, son capaces incluso de denunciar las miserias del capitalismo, pero no apuntan de ninguna manera a la expresión más acabada de este: el Estado español, y el problema que representa para el Pueblo Trabajador Andaluz.

Todo gobierno español se constituye, tal y como su nombre indica, para gobernar. En el caso de nuestro país, el ser colonia interior nos sitúa en una posición específica en la que toda opción política que no sea de ruptura y descolonización no puede ser otra cosa que una opción para la profundización de nuestra dependencia y el fortalecimiento de ese gobierno externo.

Algunos datos pueden reflejar dónde nos situamos este 23J. El PIB per cápita del Estado español es de 25.498 €; el andaluz, de 18.906 €. Según la EPA, sufrimos un desempleo del 18,3%, mientras en el Estado español la media es del 13,26%. La esperanza de vida en el Estado es de 83,07 años; la andaluza, de 81,49 años. Según el informe de Indicadores Urbanos de 2023, 12 de los 15 municipios del Estado con mayor tasa de desempleo son andaluces, así como 10 de los 15 con menor renta per cápita. Cada dos días y medio un trabajador andaluz muere en el tajo.

A estos datos se pueden añadir algunas decisiones de este gobierno español (el “más progresista” de la Historia, dicen). En 2021 el Estado -con el apoyo de todas las fuerzas del Régimen- aprobó la instalación de la base logística del Ejército de Tierra español en Córdoba, mientras los Leopard 2A4 que envía Madrid a Ucrania se preparan en la fábrica de armas de SBS en Alcalá de Guadaíra. Los Presupuestos del Estado de 2022 incluyeron fondos para la ampliación del cementerio nuclear de El Cabril. Según la OCU, en 2022 el 16 % de los hogares andaluces sufre graves dificultades económicas (doblándose desde 2020, cuando esto ocurría en el 9 % de los hogares), frente al 11% de los hogares del Estado. En marzo el Ministerio de Defensa español prohibió en el golfo de Cádiz la instalación de parques eólicos marinos arguyendo que entorpecerían la “defensa nacional” (restringiendo nuestras posibilidades de producir energía sostenible, así como actividades de fabricación y mantenimiento de aerogeneradores en los astilleros andaluces). El Consejo de Ministros aprobó en junio la ampliación de la base naval de Rota con dos nuevos destructores estadounidenses.

Ante todo ello, este 23J las andaluzas estamos convocadas a elegir quién nos gobierna y coloniza desde Madrid. Por ahora, la “impresionabilidad rebelde” y la “propensión al comunismo” en Andalucía de las que historiadores y ensayistas hablaron en el pasado es probable, por desgracia, que siga sin aparecer. La receta de García Ruiz para nuestra sumisión -no dar jamás armas al pueblo andaluz y limitar sus derechos junto a obligarlo a confiar en el Estado- sigue funcionando. Por ahora.

Elementos nuevos, como el miedo a la extrema derecha, pretenden acogotar al Pueblo Trabajador Andaluz, al que le plantean que no votar “es la peor opción” mientras ocultan que el gobierno español PSOE-UP está armando y financiando al país más neofascista de todo el continente europeo: Ucrania.

Unas armas y una financiación que movimientos ultras de toda Europa están usando en el frente ucraniano para adquirir experiencia de combate. Una experiencia que parece evidente querrán utilizar para apuntalar el orden burgués en sus lugares de origen, si es necesario.

Ni Andalucía ni la humanidad tienen nada que ganar el 23J. La única opción revolucionaria para las andaluzas este 23J es la abstención. La abstención andaluza es un ejercicio de rechazo a, como dijo Blas Infante, “la acción secular de una tiranía insensata sin ejemplo en los países de todo el mundo en cuanto a la impunidad con que fue y es ejercida por los centralistas españoles” (Infante, ABD: 11).

Y porque la Humanidad está observando hasta que punto en este país vamos a seguir legitimando los crímenes del imperialismo en el planeta, eligiendo quién los llevará a cabo:

Militares, banqueros, diplomáticos, reyes, colonialistas, antisocialistas, industriales, visiones y celos de estadistas, ¿son estos el pueblo? Estos son los individuos que personifican el Estado, los herederos del derecho divino de los reyes o colaborantes con los reyes en la participación de este derecho.

Estos individuos, excitados sus instintos de vanidad y rapacidad, han llevado a los pueblos a la guerra ofrendando a sus apetitos millones de vidas humanas. Porque los estados son ellos, o los políticos que ponen como agentes. (Infante, 1984: 173)

Frente a las elecciones españolas del 23J, solo cabe la abstención andaluza. Y emplear el día en seguir trabajando y organizándonos para conseguir las cada vez más necesarias victorias en nuestra lucha por la emancipación del trabajo asalariado, del Estado español y del patriarcado.

Carlos Ríos.

Granada, 14 de julio de 2023.

BIBLIOGRAFÍA

Azcona, J.M. (1935). Clara-Rosa, masón y vizcaíno. Espasa-Calpe: Madrid.

Infante, B. (1984). Fundamentos de Andalucía. Fundación Blas Infante: Sevilla.

Jackson, G. (1979). La República española y la guerra civil. Crítica: Barcelona.

Lenin, V.I. (1984). Obras completas vol. 24. Progreso: Moscú.

VV.AA. (2019). Blas Infante: revolucionario andaluz. Hojas Monfíes: Granada.



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