Se acaban de celebrar las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ)en Portugal. Más de 1 millón de jóvenes llegan desde 5 continentes.
Para empezar hay una clara barrera de clase. Cualquier familia no puede permitirse pagar un viaje a Portugal, aunque la estancia esté medianamente costeada hay un viaje, cuanto más lejos más caro.
Estas jornadas hablan de cambiar el mundo pero en estas jornadas no se habla del culpable de que el mundo no funcione: el capitalismo.
En ningún debate de estas jornadas se ha hablado de la desigual distribución de la riqueza, de que un 1% de la humanidad controla el 50% de la riqueza mundial.
En estos debates hablan de que mueren miles de personas en el Mediterráneo, que intentan llegar a Europa a través de Andalucía y otras naciones de Europa ,pero se habla como un mal inevitable. Raramente se habla de la flagrante contradicción de que los países del «Tercer Mundo» no son pobres porque no tengan recursos naturales, sino porque esos recursos naturales son expoliados por multinacionales europeas, australianas o de EEUU, a cambio de salarios de miseria y de suculentas comisiones para los gobiernos corruptos.
En estos debates se habla de que hay niños esclavos pero no se denuncia que esos niños esclavos que extraen coltán en el Congo lo hacen trabajando para multinacionales occidentales y que los niños esclavos de Níger han estado extrayendo uranio para multinacionales francesas para producir electricidad en las centrales nucleares en Francia,hasta que algunos militares y el pueblo se han levantado contra este abuso criminal.
En muchos foros eclesiales se comprará la versión de restituir la democracia en Níger, no la verdad que es intentar restituir el neocolonialismo.
En resumen en estos debates no se denunciará la razón final de las injusticias y la desigualdad que es el capitalismo y menos aún que el capitalismo es irreformable y que por tanto hay que derrocarlo y construir la sociedad Socialista.
Pero una vez constatados los hechos ni se profundiza en su causa, el sistema de producción capitalista, ni se plantean otras alternativas que no sean las asistencialistas.
Y en medio de esos debates grupos de cayetanos españoles cantando soy español; gritando “Que te vote Txapote» o cantando el himno fascista Cara al Sol.
El cardenal Omella, presidente de la CEE, se ha desmarcado de estas anécdotas pero lo cierto es que su órgano oficial la COPE y 13 TV tienen una línea editorial fascista, que predica el odio contra rojos y separatistas.
Seguro que han ido jóvenes bienintencionados, pero la línea es fascista.
La iglesia católica española como institución dentro de la multinacional conserva unas condiciones privilegiadas: exenta del impuesto de sociedades las Iglesias, escuelas, conventos y inmuebles de la iglesia no pagan IBI.
En época de Franco inmatricularon miles de inmuebles. Desde 1998 se abrió otra ventana de inmatriculación que ya no está vigente, pero inmatricularon 35.000 inmuebles. Grandes monumentos como la Mezquita de Córdoba se los inmatriculó la iglesia.
La inmatriculación consiste en registrar fincas sin titular a nombre de la iglesia, presentando un certificado del obispo de la diócesis que diga que una determinada finca es de la iglesia.
Reciben dinero del Estado un 0,7% en la declaración de renta en la casilla de la renta (que cada vez menos personas marcan ) pero entre esta partida y resto de subvenciones nos vamos a 12.000 millones de euros anuales.
La iglesia en el Estado español y en el mundo es un inmenso negocio. Fátima es una máquina de hacer dinero, hoteles, restaurantes, etc, están gestionados por la Iglesia. Durante las jornadas sindicatos han denunciado las precarias condiciones de trabajo de los trabajadores de Fátima.
Más allá de las palabras bonitas del Papa la realidad es tozuda. La iglesia no cuestiona el capitalismo, ni el imperialismo, ni la OTAN. Al contrario sus puntos de vista por acción o por omisión se alinean con el imperialismo.
La iglesia católica y las iglesias institucionales han abandonado el evangelio y la esencia del cristianismo para formar parte del poder.
Como cristiano mi visión de las JMJ es, pues, la de un parque temático: muchas palabras bonitas sin hechos. Unas jornadas que son un negocio para quien las organiza y para la iglesia.
El cristianismo en el siglo XXI ha de llevar a cada cristiano a acabar con la explotación del hombre por el hombre, los niños esclavos, los niños soldados, el racismo, la trata de personas, es decir, las diferentes caras del capitalismo imperialista. Los cristianos hemos de ser anticapitalistas y antifascistas y unirnos a aquellas organizaciones políticas que luchan contra el capitalismo.
En Andalucía Nación Andaluza lucha porque las andaluzas rompamos las cadenas con el Estado español, la UE y la OTAN para dejar de ser una colonia interior y construir la sociedad socialista en nuestro país: la República Andaluza de Trabajadoras.
Sea por Andalucía Libre, los Pueblos y la Humanidad.
Por Joan Batlle.



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