Harta y muy harta de ver como llevamos días con los medios de comunicación hablando sobre la victoria españolista de las jugadoras de fútbol femenino en la Final del Mundial, otro ratico para que se nos olvide el resto de problemas que padecemos las mujeres en este estado español que no son pocos, pero parece ser que ahora solo importa el fútbol femenino (esto último lo digo con ironía ).
Harta de ver como cierta izquierda llamada andalucista da visibilidad a la jugadora Olga Carmona diciendo que es gitana. No, no es que sea gitana, es que es ANDALUZA, pese a quien le pese, aunque parece ser que a estos reformistas de la «izquierda» les asusta decir dicha palabra; si se consideran andalucistas no los he visto aún pedir que haya selecciones andaluzas, no lo he visto pedir que las mujeres andaluzas dejemos de ser colonizadas por este Estado español pero si los he visto estos días utilizar a las mujeres para defenderlo, cosa que me humilla como mujer y andaluza que soy.
Hacer un poco de historia sobre el fútbol femenino no nos viene mal, recordemos que ha sido tradicionalmente refugio de machismo, no estaba bien visto que chicas de “cierta edad” jugaran al balón. En 1969 la FIFA no reconoció oficialmente el fútbol femenino en el estado español, hubo que esperar 14 años más, sé llegó a decir por Rafael Martínez Gandía en las páginas del MARCA que la mujer que jugaba al fútbol, dejaba de ser mujer(no sé si reír o llorar).
Si miramos hacia atrás el fútbol femenino ha ido de la mano bajo el control masculino sobre el cuerpo de la mujer, en 1971,en el estado español, el presidente de la RFEF José Luis Pérez – Payà declaraba: “no estoy en contra del fútbol femenino pero tampoco me agrada. No lo veo muy femenino desde el punto de vista estético. La mujer en camiseta y pantalón no está muy favorecida. Cualquier traje regional le sentaría mejor» ( de esas declaraciones no han pasado tantísimos años).
A lo largo de los últimos dos siglos, el deporte femenino en concreto el fútbol, ha sido ridiculizado, obstaculizado, censurado, simplificado, reprimido y prohibido. El fútbol femenino ha pasado de puntillas: tanto el masculino como el femenino, dejaron de ser un deporte para convertirse en un hecho sociológico y político. La estética femenina como elemento de regresión en igualdad se está utilizando en el deporte de forma brutal, es decir, por una parte las deportistas son valoradas por su belleza en vez de por sus logros deportivos, por otra, fuera de toda lógica, la presión social que se ejerce sobre ellas, incluida la lesbofobia les aboca a competir maquilladas y mantener una imagen femenina a ultranza.
El deporte tiene mucho empeño en que las mujeres no detenten parcelas de poder, curiosamente los entrenadores de los equipos femeninos siempre son hombres, las diferencias en las condiciones laborales entre las selecciones masculinas y femeninas siguen siendo muy grandes, un ejemplo es que ellos perciben un mínimo al año de 155.000 € en el caso de las mujeres dedicadas a este deporte, la renta mínima queda establecida en 16.000 € anuales.
Aún queda un largo camino por recorrer se puede decir que el fútbol no es solo un juego, es más que eso, es un fenómeno político, social y cultural de masas, un espacio reservado al mundo masculino que se ha resistido durante décadas al acceso de las mujeres. Ahora parece ser que ha despertado una cierta atención mediática tras está última victoria en el mundial pero no nos engañemos, las mujeres seguimos siendo oprimidas y simplemente nos dan migajas para conformarnos y callar nuestras bocas.
Para terminar y como no que se ha hecho viral el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Luis Rubiales, tomó de la cara a Jennifer Hermoso y le dio un beso en la boca a lo que ella respondió después con una sonrisa «Pero no me ha gustado ¿eh? ¿Y qué hago yo?». Simplemente Jenni no permitas que nos traten con ese tipo de abusos, no nos hace ningún bien a las mujeres y pregúntate: ¡si lo hubiese hecho con un jugador masculino! ¡Seguro que no!
Alicia Junco.



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