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Lamine Yamal e Hixem II: manipulando que es gerundio

Las guerras no son solamente ejércitos matando gente y enfrentándose con tanques, aviones y misiles; la lucha de clases no es solamente el momento revolucionario de la toma del poder por la clase trabajadora; y la lucha identitaria no es votar por una candidatura de “obediencia andaluza”.

Antes de llegar al momento final de la lucha o del comienzo de las hostilidades bélicas, se ha producido una guerra de desgaste donde intentan que nos desprendamos de las armas más valiosas para enfrentar el conflicto: la memoria, la historia, la conciencia de clase y de pueblo.
Para conseguir estos objetivos, el capitalismo y su expresión ibérica, el “nacionalismo español”, tanto el de derechas como el progre, tanto el latente como el patente, tanto el que se muestra a cara descubierta como el que se esconde tras presupuestos regionalistas y reivindicaciones que no cuestionan la esencia de la opresión de los andaluces (el capitalismo, el Estado español y las instituciones de poder transnacional: OTAN, UE, Banco Mundial, FMI, etc.), ha desarrollado métodos y formas de control de la información y del relato, que en unos casos de forma directa mediante medios de comunicación afines al poder (la práctica totalidad), y en otros casos, poniendo un altavoz a gentes útiles al sistema, aupándolos a la condición de “influencer”, “referentes”, etc., hace llegar a la población el mensaje que interesa a las élites de poder.

El discurso de poder de las élites españolas en referencia a Andalucía consiste en la negación de una historia propia protagonizada por andaluces y un paréntesis de 800 años en los que Andalucía fue ocupada, invadida y conquistada por unos extraños provenientes de las lejanas montañas de Oriente, que al ser expulsados se llevaron su cultura, su historia, su lengua y su civilización. Un gran vacío de 800 años que solo ha podido ser llenado con una batería de Mitos y Leyendas en justificación de un encaje de Andalucía en España.

Ante el surgimiento en Andalucía de una izquierda independentista que basa su visión histórica en la obra de Blas Infante y que utiliza Al-Andalus como elemento diferenciador respecto a España y como justificación para la independencia por motivos históricos, culturales, lingüísticos y civilizatorios, la progresía española tanto en Madrid como en Andalucía combaten el discurso de la izquierda independentista y soberanista adueñándose del lenguaje reivindicativo de Al-Andalus, apropiándose del
discurso para integrar Al-Andalus en España mediante la manipulación de los hechos y de la historia. Una manipulación consistente en la utilización de eufemismos para no llamar a las cosas por su nombre y para no desenganchar a todas las personas que tienen una posición crítica y de rechazo a términos como “español”, sustituyéndolos por otros como hispano, que parece distinto pero se le da el mismo significado: la selección española de balonmano es identificada por los medios de comunicación como “los hispanos”, y como la de fútbol, cumple, entre otras cosas, la misión de canalizar hacia el nacionalismo español el
sentimiento producido por los éxitos deportivos.

Dicho esto, vayamos al meollo de la cuestión. Aprovechando la gran difusión que está teniendo la eurocopa de futbol donde la selección del Estado español ha conseguido alzarse con el triunfo, los más bajos instintos políticos se han lanzado al ruedo para aprovechar el impacto mediático. De esta forma, el fascismo más rancio está criticando que dos jóvenes de raza negra, uno catalán y el otro vasco formen parte de esa selección, por considerar que un español es otra cosa: un blanco nacido en “España” e hijo de españoles, condición que no cumplen los dos jugadores de la selección del Estado español Lamine Yamal y Nico Wiliams. Como era de esperar, la progresía española ha entrado al trapo y ha puesto el grito en el cielo por el racismo de la extrema derecha y por un concepto de “España” excluyente de muchas identidades, tanto raciales como religiosas, identitarias o lingüísticas.

Pero hay gente que va más allá aún. Si Lamine Yamal y Nico Wiliam son españoles… porqué no el Califa Hixem II, o Abderrahman I, o el propio Almanzor? Y ya puestos, hasta los primeros homínidos que poblaron la península en Atapuerca serían españoles.

Esto es lo que plantea Antonio Manuel Rodriguez, en un artículo titulado “ ¿Por qué Lamine Yamal es español pero Hixem II era moro?, donde podemos constatar que el artículo reclama la condición de “españoles” de Hixem II y sus contemporáneos andalusíes.

Y no lo hace por desconocimiento, sino por intereses ideológicos, puesto que a pesar de reconocer la imposibilidad de que Hixem II fuera español por no existir España en el S.XI: “Es cierto que entonces no existía España como Estado, hecho que ocurre en la primera mitad del siglo XIX”, no tiene pudor para reclamar la españolidad de Al-Andalus y todos sus personajes históricos, aunque disfrazándola con eufemismos: “Hixem II no es hispano porque su madre, su abuela y su bisabuela fueran cristianas del norte. Tampoco es hispano porque fuera rubio con los ojos azules. No. Hixem II es hispano porque era cordobés y forma parte de la historia de la península, con el mismo o más derecho aún que Viriatos, Pelayos, Austrias o Borbones, aunque fuera musulmán y hablase en árabe”, identificando la historia de la península Ibérica con la historia de España. Antonio Manuel se inventa la identidad de “hispano”, como eufemismo de español, sin tener en cuenta que Hixam II no se consideraba hispano, sino andalusí, porque no existía una identidad de hispano desde el Cantábrico hasta el estrecho de Gibraltar.

La manipulación a través de eufemismos: habla de “hispano” en sustitución de “español” por no caer en lo que él mismo dice antes de la parrafada, reconociendo que España no existía en tiempos de Hixam II.
Utiliza un concepto geográfico (Hispania era la denominación geográfioca de la península Ibérica, pero no una construcción política ni identitaria) que lo convierte en un concepto político: si visigodos y romanos eran “hispanos” los andalusíes también, parece decirnos, y por lo tanto, si todos son hispanos, también son españoles.

Cuando la historiografía española habla de visigodos o de las dinastías monárquicas de los Austrias o de los Borbones, está hablando de política, de pertenecientes a la “nación española”. Denominarlos hispanos no cambia nada porque ese vocablo no amplia el periodo temporal de una historia española ni puede abarcar a pueblos que como los andalusíes no eran hispanos en un concepto político porque no existió nunca una nación hispana. La prueba de ello es que no hablan de los portugueses como hispanos, por el simple hecho de que no son españoles.

El eufemismo “hispano” es la vaselina que Antonio Manuel nos pone para que no duela, para que aceptemos una visión de la historia tan falsa como la que impone el nacionalismo español.

Es la ideología de la progresía española en verde y blanco que pretende que España y Andalucía acepten la historia andaluza como parte de la historia de España.

A este respecto, hay que aclarar unos hechos que no dejan lugar a dudas:

  • Al-Andalus es una construcción política, social y cultural desarrollada por andaluces en el territorio andaluz, a pesar de que su influencia política, técnica y cultural llegara en algunos momentos a toda la península, al norte de África, y al Mediterráneo Oriental y Occidental, y de que recibiera influencias del mundo islámico oriental y de África.
  • La construcción de “España” como espacio de acumulación de capital se produce por la expansión militar de Castilla contra Al-Andalus. La victoria de Castilla y Aragón es la derrota de Al-Andalus y su final como nación, como Estados y como civilización. Por lo tanto, Al-Andalus, nunca puede ser parte de España ni de su historia. Al-Andalus no es la España musulmana como nos quieren hacer creer los progres. Ni en “Hispania” ni en la península Ibérica hubo una construcción política, ni siquiera una civilización que comprendiera a toda la península.
  • El Estado español y sus funcionarios se han inventado una historia de España “hacia atrás”. Partiendo de las primeras manifestaciones de España como Estado en el S.XIX, han ido recogiendo mitos y leyendas a conveniencia para formar una nación. Y ahora, el andalucismo conservador y la progresía española quieren darle otro sentido a la idea de España, diferente de la inicial y mayoritaria a lo largo de los tiempos. España es lo que es y no se puede cambiar. Si queremos una sociedad diferente, una Andalucía basada en otros valores donde el ser humano esté por delante del capital y lo colectivo por encima de lo individual, solo se puede hacer contra España, contra lo que significa, contra sus valores, su historia inventada y contra la civilización occidental en la que está inmersa.

Insertar la historia de Andalucía y de Al-Andalus en España es tergiversar y manipular con un objetivo muy claro: evitar que movimientos identitarios y revolucionarios puedan poner en peligro la sacrosanta “unidad de España”, conseguir taponar al andalucismo revolucionario y anular una “identidad andaluza” exclusiva y contrapuesta a la identidad española.

Esa es la idea del andalucismo conservador, sus organizaciones, instituciones y representantes, el mismo objetivo que tenía el andalucista José Gastalver en el primer tercio del S.XX.

En lo identitario se pretende hacer una sub-identidad andaluza integrada en una identidad principal española, que se resume en “tan andaluces como españoles”, o “primero españoles y después andaluces”, tras presentarnos una España amable que no tiene nada que ver con la realidad de la España surgida de la conversión y continuidad del franquismo en la democracia burguesa, donde el poder económico,
mediático, policial, militar y judicial está en manos de los herederos del franquismo.

Nos dicen que la solución para Andalucía es “tener voz” en Madrid o Bruselas, que se nos oiga. Otra forma de engaño que esconde el ansia por poner las posaderas en los cómodos sillones de Madrid. Los andaluces tenemos voz y se nos oye cada vez que damos un puñetazo en la mesa como aquel 4 de diciembre de 1977 cuando 2 millones de andaluces pidieron en las calles “autonomía” (en aquel momento significaba autogobierno), lo que motivó que el Estado español tuviera que modificar todo el programa territorial que ya estaba pactado, o recientemente en las huelgas y manifestaciones del metal en Cádiz, donde los gritos de los trabajadores andaluces se escucharon tan alto y claro en Madrid, que nos mandaron las tanquetas para reprimirnos.

Subirse al carro del españolismo futbolero para que nos aplaudan las ocurrencias, no es lo más conveniente para Andalucía. Pero no podemos esperarnos otra cosa de los que ya se subieron al carro de la OTAN, de la UE, del FMI, de la España republicana, etc.

Por Alí Manzano.



Una respuesta a «Lamine Yamal e Hixem II: manipulando que es gerundio»

  1. Avatar de maria jose espinosa
    maria jose espinosa

    España es antimusulmana desde siempre, le da la nacionalidad a los judios sefarditas pero no a los moriscos y a sus descendientes.

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