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Cosentino ¡empresario ejemplar! De la silicosis al negocio con el Ente criminal sionista en Palestina

Alabado por todos los medios de comunicación almerienses y por todas las instituciones públicas. Hijo predilecto de Andalucía. Medalla de oro al mérito en el trabajo. Medalla de oro de las cámaras de comercio de España. Premio Blanco White. Hijo predilecto de Macael. Hijo adoptivo de Cantoria. Medalla de oro de la provincia de Almería. Doctor Honoris Causa de la Universidad de Almería. Todos estos galardones y algunos más, les han sido concedidos al Señor Cosentino, dueño de la multinacional Grupo Cosentino, que factura millones de euros, con sede principal en Cantoria (Almería) y con tiendas y fábricas por medio mundo.

Aunque la empresa ha diversificado sus productos, la base era el silestone, un conglomerado obtenido a partir del cuarzo y que acabó por imponerse, cuando el boom mobiliario, en todas las cocinas.

Resulta que Don Cosentino, ¡empresario ejemplar!, permitió que cientos de trabajadores contrajeran silicosis, porque la empresa no implantó medidas de prevención, a sabiendas del peligro que corrían. Cientos de trabajadores, al manipular las encimeras de silestone, contrajeron silicosis sin saberlo. Varios de estos casos han acabado con la vida de trabajadores. Ha habido distintas denuncias y en otros casos no se ha llegado a ello, porque el empresario ha pagado con dinero el silencio de algunos
afectados. Incluso, hace apenas un año, que Francisco Martínez Cosentino ha sido condenado a una pena de seis meses de prisión (que por supuesto no tiene que cumplir) al aceptar pagar una indemnización conjunta de 1,1 millones de euros a cinco empleados vigueses afectados de silicosis por la utilización de uno de sus productos en sus puestos de trabajo. El fallo de la sentencia dice textualmente: “que, al menos, desde el año 2000, el empresario era conocedor de los riesgos y peligrosidad que conllevaba la manipulación de silestone, ya que varios de sus empleados habían contraído la silicosis al elaborarlo en su fábrica de Almería». Por ello, la juez le achaca también una conducta «negligente», ya que no facilitó ninguna información al respecto a Granitel, la empresa viguesa, hasta el año 2009. (1)

Como bien señaló en su momento, José Humberto Muñoz, el único representante sindical de la fábrica central que Cosentino tiene en Cantoria, que se prestó a denunciar la situación en la que viven los afectados por silicosis, y por ello fue objeto de represalias: “En esta empresa no prima ni la salud, ni el bienestar de los trabajadores, lo que prima es la producción”. (2)

¡Y tanto que sí, que lo único que cuenta son las ganancias millonarias! Y una vez más lo certificamos al comprobar que Cosentino ha hecho grandes inversiones en el llamado Estado israelí, es decir en la Palestina ocupada, relaciones comerciales con el ente sionista-terrorista que lleva decenas de años ocupando la tierra palestina, sojuzgando a su población y que en estos momentos está llevando a cabo un auténtico genocidio contra el pueblo palestino.

Cosentino entra en el mercado israelí en 2015 con un centro de 1.800 metros cuadrados de extensión y capacidad de almacenaje de 2.500 tablas. Ubicado en la zona de Petah Tikua (Tel Aviv). La inauguración del centro contó, como no podía ser de otra manera, con la presencia del embajador de España en Israel. En 2017 abre un segundo centro “Cosentino Caesarea” de más de 3.100 metros cuadrados en Caesarea. Y en 2020, en la ciudad costera de Herzliya, en la zona norte del distrito de Tel Aviv, se alza el tercer y último centro de Consentino con una superficie de 600 metros cuadrados.

Cuando me documento para escribir este artículo compruebo que las operaciones que realiza Cosentino en el Estado israelí están dirigidas por Itay Shimony, director general de Cosentino para Israel y Oceanía y por la familia de este. Y es precisamente esta familia Shimony, la que facilitó la entrada del grupo empresarial en Israel. El padre de Itay Shimony, Israel Shimony, doctor en derecho, fue presidente de la Asociación de abogados de Israel de 2003 a 2007. En una reseña en internet sobre este personaje, de una editorial del Levante almeriense llamada Arráez Editores, dice
textualmente: “El doctor Israel Shimony nació en Túnez. Tras las revueltas antisemitas que desembocaron en la declaración de independencia de Israel en 1948, Shimony y sus padres emigraron hacia un nuevo estado. La familia atracó en el puerto de Haifa y se dirigió a Ramla, que acababa de ser ganada por parte de los israelíes, donde se mudaron a una casa árabe que había sido abandonada unas horas antes”. (3)

Relato sorprendente, lleno de mentiras y manipulaciones históricas sobre el nacimiento del Estado sionista en 1948. Para cualquiera que conozca lo que fue la NAKBA, causa estupor escuchar lo de “se mudaron a una casa árabe abandonada”. Cómo el objetivo de este artículo no es explicar cómo se produjo la ocupación de Palestina, no voy a entrar en ello, pero sí que la lectura de esta referencia sobre la familia Shimony, certifica su carácter sionista, por lo demás nada inhabitual en la mayoría de la población israelí.

A estos grandes empresarios les da igual todo: la silicosis de sus trabajadores, el genocidio en Palestina y todo el sufrimiento que millones de criaturas padecen a lo largo de todo el mundo. ¿Cómo no les va a dar igual, si son ellos los que lo producen y los que se benefician de ello? Y sin tener que mancharse las manos, para eso están los aparatos del estado a su servicio: los ejércitos, policías, jueces, políticos, medios de comunicación, universidades etc., Marx y Engels decían con razón en el Manifiesto Comunista “que hoy en día el Poder público viene a ser pura y simplemente, el Consejo de administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa”.

Por todo ello no voy a acabar reclamando al Grupo Cosentino que abandone sus negocios en Israel y que denuncie la ocupación y el genocidio que está sufriendo ese sufrido, valeroso y digno pueblo. Es perder el tiempo.No lo va a hacer nunca voluntariamente. El gran empresariado no tiene ni patria, ni corazón. ¡Son las leyes del capitalismo! Como Marx describió hacia el final de El Capital, “Si el dinero viene al
mundo con manchas de sangre en la mejilla, el capital lo hace chorreando sangre y lodo, por todos los poros, desde la cabeza hasta los pies”. El capitalismo nació chorreando sangre y va a morir de la misma manera. Y en manos de nuestra clase trabajadora está el que vayamos adquiriendo conciencia de la opresión y explotación que sufrimos, que todo está relacionado, que las causas por las que sufre aquí la familia obrera que padece silicosis, tiene mucho que ver con el palestino al que echan de su casa, persiguen y asesinan. Que lo de menos es que se llamen Consentino o Netanyahu. Estos desaparecerán y seguirán otros iguales. Que la raíz del problema, es el Sistema capitalista, la propiedad privada de los medios de producción. Y que debemos de emprender cuanto antes, el único camino posible para acabar con este sistema injusto, que no es otro, que el de derrocar el capitalismo y construir un mundo de pueblos y de mujeres y de hombres libres.

Y en ese camino y con ese objetivo último luchemos desde aquí, desde nuestra tierra, desde Andalucía. Varias veces he escuchado a miembros de la Resistencia palestina cuando se les ha consultado que podemos hacer para ayudarles, contestar que la mejor manera de ayudarles es luchar aquí, en nuestra tierra, contra el Estado capitalista español, lacayo de la OTAN, al servicio del imperialismo yanqui-anglo sionista. Crear dos, tres, muchos Vietnam en el mundo como dijo Che Guevara.

Estos chupadores de sangre del pueblo, estos artífices de la industria de la carnicería humana, no van nunca a abandonar su objetivo que no es otro que el de la ganancia, sin importales para nada la muerte y el sufrimiento de los de abajo. Para ellos, son solo daños colaterales. Somos nosotras, nosotros, la clase trabajadora andaluza con el resto de explotados del mundo quienes tenemos que levantarnos, organizarnos y combatir el Sistema. Y en este caso concreto, tenemos que boicotear y extender el boicot a la Empresa GRUPO CONSENTINO, que la tenemos aquí, al lado, así como a toda empresa que comercialice con el estado infanticida sionista, así como boicotear todos los productos que vengan de ese régimen infame. Son medidas efectivas y serias y que de verdad pueden ayudar a la Resistencia del pueblo palestino. Lo demás, lo que hace el gobierno del Estado español y todos sus adláteres “progresistas” se llama: POSTUREO.

Mariano Junco González.

Almería, 17 de julio de 2024.

Notas:

(1) Diario Cinco Días (07/02/23)
(2) Cronicalibre.com: “El trabajador que se atrevió a desafiar a Consentino.
(15/03/23)
(3) http/www.arraezeditores.com. “Shimony, Israel archivos».



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