Se acerca un nuevo 10 de agosto, aniversario del asesinato de Blas Infante a manos del fascismo, y conviene recordar algunos aspectos de su praxis revolucionaria. En breve nos inundará un tsunami de tergiversaciones sobre el andalucismo revolucionario que Infante animó -hasta su asesinato a manos de los fascistas aquel día de 1936- a conveniencia del Régimen del 39/78 y sus partidos y, entre esa oleada de cieno que se acerca, es necesario recuperar un pilar de su pensamiento revolucionario.
Una parte del pensamiento de Blas Infante que con más ahínco se ha intentado enterrar es la que reflexiona sobre el modo en que el pueblo andaluz habría de luchar por su liberación. A pesar de que son muy conocidas algunas de sus expresiones contra los políticos electoreros representantes de la “politiquera del régimen caducado”i, su crítica se ha querido circunscribir al sistema político de la Restauración, como si las similitudes entre este y la monarquía parlamentaria actual, también borbónica, no fueran apabullantes. Igualmente, ha sido muy ocultada su insistencia en la necesidad del trabajo abnegado y militante (muy distinto a la participación en la democracia burguesa que promociona la oligarquía -antes y ahora- con el fin de desorientar a las clases populares) para la consecución de una Andalucía libre.
A la luz de los acontecimientos actuales parece más necesario que nunca recuperar y reflexionar sobre esta faceta del andalucismo revolucionario. Resulta vital en unos momentos en los que la izquierda institucional goza cada vez de peor “salud” -a pesar de haber desactivado esa concepción revolucionaria de la militancia, institucionalizando y escamoteando los deseos y esperanzas de sus bases militantes- y las masas defraudadas por sus constantes engaños están siendo seducidas por la ultraderecha y el fascismo.
1. El militante debe ser un comunista que aspira a dar
Blas Infante definió al político del Estado español como “un animal inconsciente y ladrón que roba y pisotea al pueblo desgarrándole con sus uñas rapaces, sin otros métodos pedagógicos y educadores que el libro del Código Penal y el arma de la Guardia Civil”ii, de forma que su propuesta para alcanzar una Andalucía libre se oponía frontalmente a las instituciones de las que esos políticos se alimentan.
Ya su primer libro, Ideal andaluz, comienza señalando los cuatro pilares imprescindibles para liberar Andalucía, uno de los cuales es “una fuerza que apostolice y salve”iii. En esta temprana afirmación de 1915 -que conecta con la experiencia de las sublevaciones, motines y rebeliones andaluzas de los siglos anteriores-, se hallan ya dos elementos, la agitación y propaganda y la praxis emancipadora, que apuntan directamente a la actividad militante.
Adentrarnos en este aspecto requiere entender el punto de partida de Blas Infante, que afirma que toda revolución debe venir precedida por un comunismo afectivo que han de asumir todos sus partidarios, que desprecie los bienes materiales y participe de la entrega a la causa; de un altruismo consciente, ya que “la Revolución viene a afirmar el concepto de la solidaridad de la especie”iv. Toda su vida insistirá en este aspecto de formación de los cuadros políticos, que califica como la más profunda acción política, “la forjadora de autonomías individuales, base indeclinable de la creación y autonomía de los pueblos”v.
Infante especifica en este sentido que existen dos formas de ser comunista: “Hay dos clases de comunistas, aquellos que aspiran, mediante el esfuerzo propio, a engrandecer su vida para darla toda a la comunidad; y aquellos que esperan que una colectividad, formalmente comunista, venga a satisfacer las exigencias de su propia vida individual. […] Comunistas que aspiran a dar y comunistas que aspiran a recibir”. Y él se identifica con los primeros: “Somos o aspiramos a ser comunistas de la primera especie. Y decimos aspiramos a ser, porque nuestra modestia se resiste a conferirnos el máximo honor de poder calificarnos con este nombre de comunistas, expresión cuyo concepto verdadero es esencia de una pura y excelsa santidad”vi.
En esta distinción, Infante desarrolla un planteamiento en el que “el ideal que ha de construir la sociedad comunista será de índole moral”vii. Una afirmación que unas décadas después haría universal Ernesto ‘Che’ Guevara al determinar que “el comunismo es un fenómeno de conciencia y no solamente un fenómeno de producción”viii.
2. La forma de liberar Andalucía
Blas Infante insiste a lo largo de toda su vida en la necesidad de la organización militante frente a los intereses de las organizaciones electorerasix. “Los poderes de Madrid no harán nada por nosotros. Andalucía habrá de resolver, por sí, sus tremendos problemas”, asegura, y esa convicción lo lleva a concluir que “si en nuestra mano estuviera la fuerza, estaría también la libertad, a la orden de Andalucía”x.
Expresa desde sus textos iniciales la necesidad de “una vehemente organización de gran ecuanimidad que extienda su representación por los más ínfimos lugares de Andalucía”xi y se dirige a los jornaleros en el manifiesto de Córdoba así: “Sois vosotros los que habéis de redimiros. Vuestra redención es la de la patria nuestra. Organizaos al requerimiento de nuestra voz. No os constituyáis en banda desorganizada, sino en ejército regular. Andaluces todos: la hora ha llegado de reanudar vuestra interrumpida historia”xii.
En pleno Trienio bolchevique andaluz declara su adhesión a la organización combativa del proletariado ruso porque “en efecto, no existe otro medio para derrocar la insoportable Dictadura plutocrática o burguesa. Está en lo justo la III Internacional”xiii. No es en los despachos ni con el voto, sino en la entrega militante donde se liberará Andalucía: “Soldados fervorosos seremos siempre de todas las revoluciones o de todos los Poderes revolucionarios, enemigos de la Dictadura plutocrática o burguesa”xiv porque, frente a la injusticia y la explotación del ser humano por sus semejantes, el único camino es el revolucionario: “Un acto de fuerza: una Revolución que entronizase al Poder que realizara el comunismo de los valores sociales, sería justo y duradero”xv.
La desconfianza en el Estado español y en los políticos a sueldo de la oligarquía es constante en su pensamiento. Por eso en un mitín de la Cámara (hoy diríamos sindicato) de Inquilinos de Sevilla, tras negar hasta tres veces que las autoridades burguesas puedan solucionar el problema de la vivienda y de los elevados alquileres (porque el Estado español expresa “los fueros de una clase dictadora”) concluye exhortando “a que permanezcáis en vuestras organizaciones; a que las fortalezcáis, cada vez más; sobre todo a esa hermosa Cámara de Inquilinos”, y llama a que “no aparezca la esperanza en los regímenes actuales; sino que a una total desesperanza en ellos responda un propósito firme de sustituirlos por los medios adecuados”xvi. Creo que esta última afirmación, “un propósito firme de sustituirlos por los medios adecuados”, es bastante clara.
Y, en cuanto a la cuestión de la tierra, afirma en una entrevista acerca del método para realizar la reforma agraria que “el sindicato distribuirá la tierra al individuo, y su renta la cobrarán el municipio y el sindicato”, negando la propiedad privada de la mismaxvii. Se dirige en un temprano discurso de 1916 en un centro obrero a socialistas y anarquistas así: “Vosotros que aspiráis al comunismo integral, a socializarlo todo, ¿por qué no empezáis a socializar la tierra?”xviii.
No hay duda. Blas Infante expresa claramente que la Andalucía libre por la que lucha no saldrá proclamada de un despacho de Madrid. Para la liberación plena de Andalucía, Blas Infante nos llama a que “organicemos una valiente y aún temeraria acción revolucionaria”xix (Infante, 1989: 78) y de ahí la necesidad de “hacer de cada hombre un pontífice, un sacerdote, un defensor y un esclavo de sí mismo”xx, que expresa desde sus inicios, como decíamos más arriba.
3. La determinación de la Revolución andaluza
Frente a la imagen de un Blas Infante para todos los gustos, nos encontramos con un dirigente revolucionario que responde a la Andalucía dominada por caciques y terratenientes, herederos de la nobleza conquistadora, con una determinación proporcional al salvajismo de la burguesía. “Soy partidario de los procedimientos de ruda crueldad contra los caciques”xxi, dirá. Un aspecto de la praxis de Blas Infante que aterroriza a la burguesía y es silenciado por la intelectualidad adicta a las instituciones “autonómicas” y sus prebendas.
Desde sus primeros artículos apunta a una clave central de su pensamiento: la abolición de la propiedad privada de los medios de producción, especialmente de la tierra. A este respecto, afirma: “Del solar andaluz ha de manar, principalmente, la vida de Andalucía, que fue grande cuando su solar fue espléndido y hermoso. Y para que vuelva a serlo hay que arrancarlo al actual régimen tiránico de propiedad; tomarlo de los señores […] para nacionalizarlo”xxii.
Frente a la barbarie del latifundio feudal y la explotación capitalista, Blas Infante afirma de manera enérgica que “no temblaría nuestro pulso. Conscientes de lo que significa la Dictadura Pedagógica, nos complaceríamos en firmar, para defender la Vida, muchas sentencias de muerte”xxiii.
A fin de cuentas, Infante conocía bien el poder de la burguesía terrateniente en el campo andaluz que, sin duda, estuvo detrás de su asesinato a las afueras de Sevilla una noche del 10 al 11 de agosto. Por eso, señala que, en cuanto a la acción político-ideológica, hay que actuar “reclamando la práctica de las leyes ya hechas, de las actividades y recursos inaprovechados, y la promulgación de las reformas que al pueblo den trabajo y pan, civismo y cultura. Y sólo cuando el cacique se ponga enfrente de esta generosa labor, valiéndose de sus artes propias de arbitrariedades cínicas, deberá ser atacado; pero en este caso ha de serlo con violencia implacable, con ira inmensa y desprecio profundo, como si todo el virus de la degeneración andaluza estuviese acumulado en su repugnante cabeza”xxiv.
Y afirma, en alusión al episodio de la entrada del Borbón absolutista Fernando VII en Sevilla tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis: “Concebimos una acción contra los retrógrados españoles, apostólicos que gritaban «¡Vivan las caenas!»xxv”.
Una determinación que, como en toda revolución, debe estar comandada por la reflexión y la razón revolucionaria, ya que “la acción circunstancial de la violencia, del fanatismo o del error, si han de ser provechosas para la vida, han de estar regidas por la Razón”xxvi.
4. La lucha por una Andalucía libre y el “suicidio revolucionario” de los Panteras Negras
Blas Infante llama a la entrega revolucionaria y asume que, en la lucha contra la burguesía, los terratenientes y su Estado, el precio a pagar puede ser alto porque sabe que “un cadáver es la escoria del grano que se siembra; como la vida de este grano, la vida de cada individuo habrá de continuarse”xxvii. Un precio tan alto como el que el mismo Blas Infante pagó con el asesinato y la profanación de sus restos, que todavía hoy están en alguna cuneta sin que hayan sido localizados.
Él sabe muy bien que la opresión y explotación del pueblo andaluz genera víctimas y por eso expresa el deseo de ver “sobre la pira de mártires andaluces, amontonados por la miseria y la tiranía política y espiritual que infligiera la dominación española durante el último lustro de siglos, caigan pronto andaluces conscientes, abrazados en el instante de la agonía a la bandera verde y blanca”xxviii.
Este sacrificio en pos de la liberación de Andalucía al que Blas Infante llama se fundamenta en su manera de entender la política como un ejercicio militante de abnegación y entrega. Afirma que “trabajar por la prosperidad de las generaciones futuras; sacrificarse o luchar por su perfeccionamiento, equivale a tanto como sacrificarse por la propia vida que, muerta la individualidad, ha de desarrollar un nuevo ciclo en las generaciones por venir”xxix.
Curiosamente, es la misma conclusión a la que llegó Huey P. Newton, dirigente del Partido de los Panteras Negras por la Autodefensa, mucho después, en 1973, y que plasma en su autobiografía Suicidio revolucionario. Huey P. Newton definió este “suicidio revolucionario” como la disposición a sacrificarlo todo, incluso la vida, por la liberación del pueblo oprimido no como un acto desesperado, sino de convicción revolucionaria, de una manera similar a la que señala Infante en el pasaje anterior.
Newton habla, casi medio siglo después de que ya lo señalara Blas Infante, en términos muy parecidos: “Suicidio revolucionario no quiere decir que deseemos la muerte, todo lo contrario. Tenemos tanto deseo de vivir con esperanza y dignidad humana que vivir sin ellas es imposible. Cuando las fuerzas reaccionarias nos aplastan, debemos actuar contra estas fuerzas, incluso a riesgo de morir”xxx.
5. Conclusión
La praxis del andalucismo revolucionario se vio siempre mediatizada por la represión española y las zancadillas de la reaccionaria burguesía andaluza, que obligaron a Blas Infante y los suyos a momentos de repliegue: “Nosotros hemos practicado la táctica política. No hay más que una táctica: acomodación de la conducta política, según las exigencias o permisiones de las circunstancias vigentes”xxxi. A pesar de ellos y de los cientos de escritos que su propia familia quemó después de la detención de Infante por las hordas falangistas, las grandes líneas maestras de su pensamiento y su accionar han llegado hasta nosotras, incluso las más revolucionarias, como esta, que desveló en una entrevista en 1931: “La Dictadura (de Primo de Rivera), pese al sigiloso proceder que observábamos, proceder que sólo descifró en España el Sr. Cambó al decirme en una charla de tren que “liberalista” quería decir “separatista”, nos destrozó nuestras sociedades, deportó a los adheridos de Córdoba y clausuró las escuelas”xxxii.
Hoy el reformismo quiere tergiversar la lucha por la liberación social y nacional de Andalucía que encabezó Blas Infante en el primer tercio del siglo XX utilizando a algunos individuos y grupúsculos como adornos para sus candidaturas y partidos “electoreros”.
Unas organizaciones estas que no solo confían, sino que aspiran a amamantarse y a apuntalar el Régimen del 39/78 (construido sobre el cadáver de Blas Infante y cientos de miles de andaluzas y andaluces asesinados) mientras la ultraderecha y el autoritarismo siguen creciendo.
Por ello es más importante que nunca tener presente la radicalidad de la praxis de Blas Infante también en este aspecto, como la tendremos en el homenaje soberanista que realizaremos en su memoria el próximo 10 de agosto en Sevilla.
Carlos Ríos.
Granada, 8 de agosto de 2025.
Notas:
iInfante, B. (1979) La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía, Granada, Aljibe, p. 26.
iiInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 53.
iiiInfante, B. (1982) Ideal Andaluz, Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 11.
ivInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 138.
vInfante, B. (1984) Fundamentos de Andalucía, Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 109.
viInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 65.
viiInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 52.
viiiYa hicimos una incursión en los paralelismo de algunos aspectos de Blas Infante y el ‘Che’ aquí: “La ética revolucionaria de Blas Infante” (https://nacionandaluza.org/wp-content/uploads/2015/12/la-etica-revolucionaria-en-blas-infante.pdf).
ixInfante, B. (1979) La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía, Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 41.
xVV.AA. (2019), Blas Infante: revolucionario andaluz, Granada, Hojas Monfíes, p. 12.
xiInfante, B. (1982) Ideal Andaluz, Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 159.
xiihttps://nacionandaluza.org/wp-content/uploads/2015/12/manifiesto-de-la-nacionalidad.pdf
xiiiInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 93.
xivInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 68.
xvInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 154.
xvihttps://universoandalucista.blogspot.com/2012/07/la-camara-de-inquilinos-y-blas-infante.html
xviiInfante, B. (1983) Antología de textos, Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 218.
xviiiInfante, B. “Los nuevos ideales” (1916) (https://nacionandaluza.org/wp-content/uploads/2015/12/los-nuevos-ideales.pdf)
xixInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 105.
xxInfante, B. (1982) Ideal Andaluz, Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 226.
xxiInfante, B. (1982) Ideal Andaluz, Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 234.
xxiiInfante, B. (1982) Ideal Andaluz, Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 273.
xxiiiInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 116.
xxivInfante, B. (1982) Ideal Andaluz, Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 263.
xxvInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 116.
xxviInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 120.
xxviiInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 182.
xxviiiInfante, B. (1919) “Las insignias de Andalucía” en Infante, Blas (1983) Antología de textos, Fundación Blas Infante, Sevilla, p. 148.
xxixInfante, Blas (2021) La Dictadura Pedagógica. Estado actual del alma de la Sociedad comunista, Granada, Hojas Monfíes, p. 182.
xxxNewton, Huey P. (1995) Revolutionary suicide, Writers & Readers, p. 5.
xxxiCarta a Cases Carbó (1 de enero de 1936) (https://nacionandaluza.org/wp-content/uploads/2015/12/carta-andalucista-a-cases-carbo.pdf)
xxxiiInfante, B. (1983) Antología de textos, Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 219.



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