Si eres por nacimiento, vecindad, o identidad, andaluza o andaluz, debes aceptar vivas donde vivas, que España no dejará de existir. Luchar políticamente por y para la desaparición de España es una tarea estéril, inútil e innecesaria. En cambio, sí deberías saber o preguntarte, el porqué esto no sucederá.
En primer lugar, porque no lo hizo a lo largo de los siglos XVIII y XIX cuando el Imperio Castellano perdió sus conquistas en Europa, todas sus colonias en América y Asia, o cuando la Francia de Napoleón la invadió. Tampoco unos cientos de años antes, cuando se independizó el Reino de Portugal, ni cuando la misma corona castellana cedió a Inglaterra una parte de su territorio en la misma península ibérica (Gibraltar) hasta el final de los tiempos.
En segundo lugar, porque tampoco desapreció cuando la misma España (1) sostuvo al menos tres guerras civiles en suelo patrio a mediados del siglo XIX y principios del XX. Todas con un distinto final y todas distintas con las mismas causas en juego, una misma cuestión de raíz hasta hoy no resuelta: dónde residía o debería residir la soberanía de lo que quedaba de aquella Castilla imperial y, por ende, cuál sería la legitimidad de los diferentes poderes que de ella nacieran.
Hasta aquí se puede afirmar sin equivocación, que todos los acontecimientos vividos en España entre, aproximadamente, 1814-1914, estuvieron relacionados directamente por las pérdidas continuadas de territorios obtenidos por sus conquistas militares anteriores, y de cómo y de qué manera estas pérdidas afectaron a su posición geopolítica en el mundo conocido, a la cosmovisión de su oligarquía, de sus gobernantes y de los ciudadanos en general que permanecieron en la Península.
Las pérdidas coloniales supusieron en la práctica una reducción significativa del alcance de las decisiones de los distintos gobiernos y una brusca disminución del número de poblaciones, campos y ciudades bajo su dominio.
La oligarquía tuvo que presenciar en directo, que lo que estaban sucediendo a España lo hacía independientemente tanto del régimen político que en cada momento apoyaba y de las personas gobernantes que estuvieron al frente. Con todo ello, España en 1914 no desapareció, pero sí inició un camino con curvas para hacerlo.
En el año 1923 se produce el primer golpe de estado del siglo XX promovido por el mismo jefe del estado español. El Rey Alfonso XIII impone a un General, José Antonio Primo de Rivera, como Presidente del Gobierno y dar por concluida la I República española. Primera curva de ese camino. Segunda curva: 1936, otro General, Francisco Franco, lidera otro segundo golpe de estado y es proclamado Jefe del Estado. Esta vez se el dictador, la derecha y las oligarquías se apoyan en potencias extranjeras para llevar a cabo su plan, pero no será la última.
Esa misma España tampoco desaparece, pero amputa, aterroriza, encarcela o fuerza su exilio, a todo aquel o aquella, mujer u hombre, que creía que la soberanía de lo que debiera llamarse España, debería recaer en todos sus habitantes y no sólo en una parte de ellos. Tercera curva: cuarta guerra en suelo ibérico en poco menos de 150 año (1936-1939). Quinta curva: nos acercamos al final del camino trazado.1948 Ley de sucesión.
El Caudillo nombra heredero de su dictadura a otro Rey. El nieto del mismo Alfonso XIII. 1953, por fin llegamos a la meta: tratado de amistad con Estados Unidos del norte. España tampoco desaparece. España secuestra su soberanía y se la sede a una potencia extranjera. La misma oligarquía es cómplice y autora material e intelectual de la cesión por los siglos de los siglos de la vida y del futuro de todos los habitantes en el suelo patrio.
Ese secuestro de su soberanía es legalizado por la ley de Amnistía de 1975, la entrada en la OTAN en 1981, y la firma de la adhesión a la Unión Europea en 1990.
La «España de todos los españoles» desaparece. La España de unos pocos
sobrevive…, aunque está por ver, cuánto tiempo durará. Las cosas están
cambiando… ¿Será la demanda de soberanía de Andalucía, la que puede cambiar todo?
Ya en 1883, en la Constitución de Antequera que este fin de semana ha
cumplido 142 años, Andalucía y sus representantes aprobaron que la
soberanía del pueblo andaluz recayera sólo en el pueblo andaluz.
Manuel Lazpiur Rodríguez.
Notas:
1 “Juro por Dios y por los Santos Evangelios que guardaré y hare guardar la Constitución de la Monarquía Española, promulgada en Madrid el 18 de junio de 1837 (…) y provecho de la Nación.” Archivo del Congreso de los Diputados de España.



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