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Bombas, mentiras y clips de vídeo

En la madrugada del 3 de enero el régimen estadounidense atacaba Venezuela con la fuerza de los misiles. El objetivo: secuestrar a Nicolás Maduro, y el resultado; cerca de 100 personas asesinadas, alrededor de 100 heridas, edificios militares, académicos y civiles destruidos y, por supuesto, el secuestro de Nicolás Maduro y de Cilia Flores.

No es el objetivo de este texto entrar en detalles sobre la invasión estadounidense a Venezuela, los pormenores tácticos, militares, defensivos… El objetivo es arrojar algo de claridad entre todo el ruido mediático al que estamos expuestos desde que, una vez más, Estados Unidos decidió imponer su tiranía a través la fuerza militar y la violencia.

¿Por qué la agresión militar estadounidense y por qué ahora?

Venezuela y sus clases populares iniciaron un proceso revolucionario en el año 1999 con la victoria electoral de Hugo Chávez, proceso que sigue vigente y que hasta su secuestro, lideraba Nicolás Maduro. Una etapa en la historia de Venezuela en la que por primera vez desde su independencia, la prioridad de quienes gobiernan era y es la mejora de las condiciones de vida del Pueblo Trabajador Venezolano, el acceso a servicios públicos básicos como la educación, vivienda o sanidad y un cambio en la relación de las fuerzas productivas respecto al Estado. Se nacionalizan sectores clave de la economía para que sus beneficios no quedaran en unas pocas manos ni se fueran a otros países, para que sea Venezuela y su clase trabajadora la que se beneficie del fruto de su trabajo y de sus recursos naturales.

Esta transformación social y económica beneficia a la mayoría social venezolana, pero hay una minoría, los grandes empresarios y poseedores, que vieron peligrar sus privilegios de clase. Es a partir de ahí cuando comienza a desarrollarse una oposición política que buscaba llevar de nuevo a Venezuela a la desigualdad social, el atraso y a una relación neocolonial con EEUU y Europa. A lo largo de estos 26 años, la estrategia seguida por EEUU y sus títeres venezolanos, se fundamentó en sanciones económicas -causantes de las diferentes crisis, emigración forzosa y escasez de determinados productos básicos- así como intentos de golpes de Estado, acusaciones de corrupción electoral y manipulación mediática sistemática. ¿El objetivo de EEUU y la extrema derecha venezolana? Volver a tener el poder para saquear los recursos naturales del país (principalmente petróleo) y tener un aliado más en América Latina, históricamente considerada su patio trasero para el imperialismo yankee.

En estos 26 años ni los golpes de Estado, ni la injerencia política occidental, ni las sanciones económicas para empobrecer a la clase trabajadora venezolana dieron los resultados que esperaban, debido a ello en los últimos meses el régimen estadounidense, gobernado por Trump, fraguaba la invasión militar y el secuestro del presidente legítimamente electo por las venezolanas, Nicolás Maduro.

Las empresas petroleras estadounidenses ordenan, Trump ejecuta. No podían seguir aceptando que Venezuela venda petróleo a países con los que EEUU compite por la hegemonía económica, que tenga relaciones comerciales y políticas soberanas con esos países, y que, por ello, EEUU y sus intereses de dominación mundial se vean perjudicados. Por eso, como auténticos piratas del siglo XXI, días antes de la agresión estadounidense a Venezuela, secuestraron barcos petroleros con acusaciones infundadas de narcotrafico. La razón estadounidense, por si alguien tiene dudas, no es instaurar una «democracia» en Venezuela, porque esa democracia ya existe. Hay elecciones libres, hay libertad de expresión, hay trabajadoras que dirigen y gestionan fábricas, campos y otros medios de producción comunales. Esa es la verdadera democracia venezolana con la que quieren acabar para que, como antes de 1999, los oligarcas venezolanos sigan explotando y esquilmando Venezuela.

Sin equidistancias, con el Pueblo Trabajador Venezolano y la causa bolivariana

Aquí y ahora es cuándo debemos demostrar si de verdad creemos en un mundo justo, igualitario, libre y en el que la vida y los derechos de las clases trabajadoras estén en el centro de toda acción política. Si creemos y si defendemos la causa de los Pueblos, su soberanía nacional, su independencia, la justicia social y un mañana en el que quienes produzcan, decidan. Esa sociedad donde lo común es del común y la explotación del hombre por el hombre pasa a ser una pesadilla de la que ya despertamos. ¿El proceso revolucionario en Venezuela es perfecto? No. ¿Venezuela es un paraíso socialista? Tampoco. Con sus errores, con sus fallos, con todo lo que en la propia Venezuela, sus fuerzas políticas y sociales asumen, critican y trabajan para mejorar, nuestra postura no puede ser otra que la solidaridad internacionalista y el apoyo mutuo.

Hay quienes desde posiciones comunistas y soberanistas, con grandes discursos y análisis desde la comodidad occidental, denuncian con «peros»; con síes a denunciar la agresión, pero noes al proceso revolucionario y a su líder. Esto sólo beneficia a un sistema que ya tiene bastantes medios, instituciones y partidos para blanquear la maquinaria de guerra estadounidense. Estamos en un momento histórico en el que se libran muchas batallas y la coherencia y la voluntad con la que nos manifestamos será fundamental, no sólo para quienes son víctimas de la violencia imperialista ahora, sino para nuestro propio futuro. Porque hoy es Venezuela, pero en el punto de mira ya están otros países que no se pliegan a las órdenes del régimen estadounidense como México, Colombia o Cuba. Incluso aquellos que llevan décadas siendo serviles y esclavos de los delirios de EEUU, como son sus socios de la UE y la OTAN, son amenazados por Trump con una invasión y anexión de Groenlandia.

No ignoremos algo que, aunque esté pasando a miles de kilómetros de Andalucía, nos afecta directamente. En nuestro país hay dos bases militares yankees; una en Rota y otra en Morón, desde las que salen barcos y aviones para atacar a los objetivos de la guerra y la rapiña imperialista. Por acción u omisión, somos responsables de que desde nuestra tierra el principal enemigo de la libertad y de la paz mundial, EEUU, agreda a países y siembre muerte con total impunidad.

La radicalidad es necesaria, porque hablar claro y sin rodeos es una obligación revolucionaria. La liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores es urgente, la defensa de la soberanía de Venezuela y su derecho a no ser atacada, es la única posición posible si sentimos la lucha antiimperialista y la liberación de la clase obrera en lo más profundo de nuestros corazones. Porque la solidaridad es la ternura de los Pueblos.

Por Cristo García.

En Andalucía, a 10 de enero de 2026



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