Ni la conquista de Canarias o las anexiones de los reinos de Navarra y Portugal o las posesiones de ultramar de la corona castellano-aragonesa forman parte del mito fundacional del Estado español. Pero si la victoria del reino de Castilla, cristiano y europeo, sobre el sultanato de Granada, musulmán y mediterráneo. Andalucía no era al Ándalus, sólo era su corazón y su alma. Con la Toma de Granada en 1492 muere al Ándalus y nace, tras unos ocho siglos de sangrienta gestación, el Estado español moderno y, con él, el sistema-mundo moderno y capitalista que en este primer cuarto del siglo XXI está dando sus últimas boqueás a la vida.
En la Plaza del Carmen se desarrolla la dramática ecenificación de la conquista del último reducto de al ándalus. El Ayuntamiento y la propia plaza son el escenario, mientras que el publico, cifrado en unos miles según los medios, se sitúa entorno a su perímetro de unos trescientos metros. De todos ellos toman especial protagonismo quienes portan banderas y estandartes fascistas, enloquecidos y pletóricos con caras extasiadas, vivificando emocionados el hecho de la victoria castellana y cristiana. Frente a estos, un grupo de valientes vecinos y vecinas y, sobre todo, la valentía de la militancia de Nación Andaluza que, sin alcanzar el 5% el total de los asistentes, logran apagar los vivas a España para dejar bien claro que a quienes vencieron, desahuciaron, desposeyeron, asesinaron y esclavizaron esas tropas de la muerte no eran moras, eran granainas.
El espectáculo está servido y comienza con el número circense de la Legión española, que de fuerza militar en las colonias africanas y en Andalucía ha quedado reducida a agrupación de payasos para colorear las manifestaciones religiosas y nacionalistas de los aparatos de Estado. Clero, representantes del pueblo y las fuerzas del orden completan el lamentable cuadro de actores. Los primeros regalando bendiciones al pueblo, a las banderas, a las armas, y a la tumba de los monarcas que lograron incluir en sus propiedades reales a la ciudad y sus habitantes. Los segundos exhibiendo orgullosos los estandartes de los nuevos propietarios católicos del reino granadino. Y las fuerzas del orden protegiendo a los valientes que con sus pitidos y consignas, que se convierten en un griterío antifascista, hacen frente a tan ominosa representación. Acción que despierta expresiones de rabia y odio generalizado contra los antifascistas. Y aunque las fuerzas del orden están, por el momento, para impedir el enfrentamiento físico, por su lenguaje no verbal parecen simpatizar más con los agresores fascistas que con los que luchan, dando la cara, exponiendo la cara, por los intereses del pueblo trabajador andaluz.
Esta celebración, que se repite en otros municipios andaluces, festejando el recuerdo de haber sido conquistados, se ha ido retroalimetando con el paso del tiempo, según las necesidades de retroalimentar los fundamentos artificiales del Estado moderno español. Un refuerzo ideológico necesario que busca asegurar el ámbito territorial de acumulación de capital de la oligarquía española. No se conoce la fecha exacta de inicio de este espectáculo callejero. Si se sabe que Fernando II de Aragón ordenó su celebración, que en sus inicios consistían en actos religiosos. Con el mismo protocolo y escenificación actuales, pero con otros actores y actrices, existen filmaciones durante la II República española, durante el franquismo, momento en el que languideció las celebraciones populares, y en el post franquismo donde se ha trabajado el aumento del apoyo popular.
Voces como las de Carlos Cano o Antonio Gala, entre otras muchas, encabezaron protestas contra la celebración de la Toma, que, afortunadamente, va ganando apoyo. Se programan una buena diversidad de actos alternativos y de manifiestos que ponen algo de luz sobre los sucesos previos y posteriores de la Toma: una prologada guerra previa en la que las fuerzas atacantes impedían el abastecimiento de los recursos necesarios para la vida de la población asediada; para una vez tomada la ciudad, prohibir la lengua, la religión, los usos y costumbres de los habitantes, incumpliendo los acuerdos que pusieron fin a la guerra; robo de propiedades; expulsiones… y todos las demás acciones aparejadas a lo que la legalidad internacional denomina genocidio. A los andaluces que conocen su historia, cuando ven imágenes del actual genocidio palestino, les entra un doble pellizco en las entrañas.
Lo curioso es que tanto el fundamentalismo cristiano como el fundamentalismo islámico, comparten la creencia en el mito fundacional del Estado español: la Reconquista. Algo que a los protagonistas no les pasaba por la cabeza. El historiador y militar Luis de Mármol Carvajal (1524-1600) escribió la Historia de la rebelión y castigo de los moriscos en el reino de Granada y el capítulo primero del primer libro lo titula: Que trata de la provincia de la Andalucía, que los antiguos llamaron Bética, y cómo el reino de Granada es una parte della. Lo que estaban conquistando era el reino de Granada, la parte de la “provincia de la Andalucía” que les faltaba. No estaban reconquistando España. Aunque ni los contemporáneos de la Toma ni a los contemporáneos actuales tienen conciencia de este primer acto del nuevo sistema mundo que se estaba surgiendo de las entrañas del feudalismo europeo que se extenderá por todo el planeta con el mismo método que el usado en la conquista de Andalucía. Unas fuerzas armadas libres para acometer atrocidades, eliminación física de quienes se resisten, asimilación de los que quedan y que serán usados como mano de obra barata o esclava, y la fijación de cadenas de producción que parten de las tierras y los pueblos conquistados y concluyen en la metrópoli conquistadora con la participación de las anteriores élites que seguirán enriqueciéndose aunque al servicio de las nuevas élites metropolitanas.
A base de sangre, saqueos y explotación de recursos ajenos, nació y se expandió el sistema mundo moderno capitalista y europeo. Y así se sigue comportando a la hora de entrar definitivamente en el basurero de la Historia. Pero a la hora de hacer frente a quienes reivindican la “grandeza de España”, “el imperio español” bajo banderas y consignas fascistas cada 2 de enero en Granada ¿dónde están los comunistas? Para hacer frente a esta ofensa reaccionaria y filo fascista, no aparecen ni por equivocación. Y eso que para los marxistas la Toma, ademas de significar aniquilamiento y expulsión de la población y la destrucción de sus fuerzas productivas, dice Engels, como hicieron los cristianos al conquistar la España musulmana, representa el inicio de la acumulación originaria, pues dará la oportunidad de robar las riquezas de los pueblos americanos, el exterminio de las poblaciones que no se someten como los guanches canarios o las tribus caribeñas, el inicio del racismo con los debates sobre si los nativos son animales o humanos sin civilizar de la Escuela de Salamanca, o el tráfico inhumano de seres humanos reducidos a simples animales de labor y la combinación de esclavos, siervos y jornaleros asalariados en los nuevos latifundios andaluces y en las plantaciones americanas.
Con la Toma de Granada se paró el corazón de Al Ándalus, pero su alma, su espíritu libre se viene reencarnando generación tras generación, trabajando desde las entrañas del sistema, en el margen izquierdo de los diferentes regímenes que se han ido sucediendo, como aquel viejo topo que roe en silencio los cimientos de la civilización capitalista. Trabajando sin descanso al mismo tiempo en la gestación de la nueva sociedad que la sustituya en Andalucía, los pueblos y la Humanidad: la sociedad socialista en una Andalucía libre, por lo tanto, soberana. Participando como sujetos activos en la lucha de clases hasta conseguir la correlación de fuerzas necesaria para poder imponer una constitución social inspirada y recogiendo los principios democráticos y socialistas de la Constitución andaluza de 1883 por la que Andalucía, siendo soberana y autónoma, se organiza en una democracia republicana representativa y no recibe su poder de ninguna autoridad exterior a las de las autonomías cantonales que la instituyen.
Por Miguel Cano y David Juliá. Miembros de la secretaría federal colegiada del Sindicato Unitario de Andalucía.
Andalucía, 31 de diciembre de 2024.
Artículo publicado originalment en Haize Gorriak.



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