Desde la conquista castellana culminada, en 1492 por no ir más atrás, la alianza entre el Estado español y la Iglesia católica ha sido funesta.
Los bautizos forzosos, los crímenes de la Inquisición, la expulsión de judíos y «moriscos», el silencio cómplice con la conquista de América, con honrosas excepciones como Fray Bartolomé de las Casas, el silencio y la velada justificación de la esclavitud, la declaración del golpe de Estado fascista como «Cruzada» por la Conferencia Episcopal española (43 de los 47 miembros la firmaron y no lo hicieron los obispos de Vitoria y Menorca y los cardenales arzobispos de Sevilla y Tarragona)… Todos estos hechos vergonzosos nada tienen que ver con el Evangelio, con aquello en lo que creemos los cristianos, que queda muy bien reflejado en las Bienaventuranzas 6: «Los pobres en espíritu», es decir aquellos que no hacen de su vida un acumular riquezas a cualquier precio. «Los que lloran», es decir los que luchan. «Los mansos», es decir humildes. Los que tienen «hambre y sed de justicia», los que luchan por acabar con todo tipo de explotación y opresión. «Los misericordiosos», los que son capaces de ponerse en el lugar de los que sufren cualquier forma de opresión. Los «limpios de corazón», los que se ocupan del bien común por encima del bien personal. «Los que procuran la paz» porque la guerra es uno de los grandes negocios del capitalismo. «Los perseguidos por causa de la justicia», todos aquellos que sufren despido, cárcel o muerte por luchar contra todo tipo de opresión.
El cristianismo lucha por un mundo nuevo. Un mundo donde no existan las clases sociales, los explotadores ni los explotados, donde no exista la desigualdad social . No tengo datos de Andalucía pero en el Estado espan̈ol la mitad de la población solo posee el 7% de la riqueza, mientras en el otro extremo un 10% más rico posee el 60% de la riqueza.
Los capitalistas, los pijos y especuladores, los que viven del fruto del trabajo de los demás, viven bien en esta situación. En este sistema capitalista -que bendice la muerte en Gaza, Líbano o Irán- sus dirigentes como Trump dicen actuar en nombre de Dios pero su único dios es el capital. Y quien impugna el capitalismo, quien denuncia que hay que acabar con la explotación, es decir con la usurpación de parte del tiempo de vida de un ser humano en su trabajo, quien denuncia la desigualdad, la miseria y la guerra es el marxismo.
Por eso como cristiano soy marxista y creo en la construcción de la sociedad socialista. Como lo han sido los curas guerrilleros y lo son tantos y tantos cristianos que luchan en el movimiento obrero, en los sindicatos de inquilinos o en luchas de todo tipo. La Teología de la Liberación fue una semilla fructífera.
En los países musulmanes está muy normalizado ser musulmán y antiimperialista. Muchos cristianos hoy nos ponemos del lado del antimperialismo, como lo hacen los cristianos en Palestina o Líbano tomando las armas contra el ejercito invasor de Israel.
Por todo ello en Andalucia, como cristiano y marxista, me uno a una organización que hace marchas a Rota para luchar contra las bases militares yankis; que planta cara al españolismo y el nacionalcatolicismo el día de la Toma en Granada; que todos los años homenajea a García Caparrós el 4D en Málaga o a Javier Verdejo en Almería, ambos asesinados por las Fuerzas de Seguridad del Estado.
Y es que Nación Andaluza esta en las luchas de la calle apoyando a las mujeres que se manifestaran contra los cribados, en Granada plantando cara a Abascal, apoyando a los obreros colgados en la grúa de Navantia San Fernando contra las listas negras.
Apoyo a Nación Andaluza porque, en definitiva, frente a los que creen en una economía donde no se cuestiona que unos pocos tengan la mayoría de la riqueza (que son todos los partidos del actual Parlamento de Andalucía, unos con la boca grande y otros con pequeñas reformas), Nación Andaluza impugna el sistema y aboga porque la tierra o la empresa sean para quienes las trabajan. O sea por la nacionalización de los medios de producción.
Y es que el mundo y Andalucia no necesitan reformas sino un cambio radical, es decir de raíz. Y ese cambio es construir la sociedad socialista. Es decir, economía propiedad del pueblo y planificada a través de su estado, la Republica Andaluza de Trabajadores.
Y el camino a este cambio radical es votar el domingo 17 de mayo a Nación Andaluza.
Por Joan Batlle.



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