Recientemente, en la presentación on line del libro Nuevas derechas, escuela austríaca y neofascismo, su autor, el marxista argentino Néstor Kohan, insistía en una cuestión que desde la izquierda antiimperialista venimos destacando desde hace tiempo: el fascismo no es una categoría fosilizada en el tiempo, ni es una expresión puramente estética, o dicho de otra manera, fascismo no es Roma en 1922, ni Munich en 1933, ni Madrid en 1939, es una categoría más compleja y, como tal, ha evolucionado con el tiempo, como por otro lado también lo ha hecho el pensamiento marxista y la acción revolucionaria. En este sentido, Kohan nos trae los debates sobre fascismo y dictaduras militares en América Latina sostenido por el ecuatoriano Agustín Cueva, el brasileño Ruy Mauro Marini y el boliviano René Zavaleta Mercado, sobre cómo se presentaba concretamente el fascismo; una de las conclusiones, más allá de tratarse de un fascismo dependiente y subordinado al imperialismo norteamericano, fue que se trataba de un fascismo contrainsurgente enfocado en el exterminio.
Se podría decir que esa misma naturaleza exterminadora tuvo el golpe militar fascista de 1936 en Andalucía, es más, para el estudioso británico de la llamada Guerra Civil española Gabriel Jackson en su obra La República española y la Guerra Civil, ésta en Andalucía tuvo una naturaleza feroz, que no se dio en otras zonas del Estado, concretamente Jackson se expresó así: “En Andalucía, los oficiales de carrera se comportaron como si estuvieran dedicados a una operación de exterminio químico”, apelando a la visión común entre la oficialidad fascista del pueblo andaluz como un pueblo inferior: “En efecto, no es raro que españoles de las ideologías más diversas se refieran a los andaluces como gentes inferiores”.
La opción del exterminio por parte de la burguesía solo se da en caso de una especial agudización de la lucha de clases con organizaciones obreras y populares maduras y con opciones de constituir un poder alternativo.
¿Entonces cuál es el proyecto histórico de las derechas españolas en Andalucía?
Para Blas Infante, del que se ha cumplido el 90º aniversario de su asesinato por el fascismo español, ese proyecto comienza con el robo y el saqueo “presididos por la cruz” y el repartimiento de grandes extensiones de tierras entre los conquistadores castellanos del al Andalus del Guadalquivir, como consecuencia: “Y los andaluces, que tenían la tierra convertida en vergel, son condenados a la esclavitud de los señores”. La respuesta política de Infante se podría resumir en una doble restitución,
de la tierra al jornalero, -entiendo al jornalero no solo como el proletario agrícola sino al conjunto de la clase obrera andaluza- y de la cultura al pueblo andaluz, en orden a construir una Andalucía libre y soberana que supere toda explotación del ser humano por el ser humano, guiada por “el alma de la sociedad comunista”.
Teniendo en cuenta los antecedentes históricos, el peculiar desarrollo del capitalismo en Andalucía en función de la oligarquía española y la inserción andaluza en la división internacional capitalista en la fase imperialista, podemos condensar la consideración que las derechas españolas tienen de Andalucía como un simple territorio del que la oligarquía española y las grandes multinacionales pueden obtener
súper beneficios, un territorio especializado y subordinado económicamente, tanto que hasta sus señas de identidad son pura mercancía; en definitiva, Andalucía como un territorio de extracción material y simbólica. Por motivos que excederían la intención de este texto, esta consideración enlaza directamente con el concepto de tierra de
sacrificio que, últimamente, está siendo utilizado por diferentes actores políticos andaluces.
Así, el pacto que suscribieron PP y Vox en Andalucía a principios de julio no es más que la concreción en este momento y coyuntura de todo lo que venimos explicando. En este sentido, la llamada “prioridad nacional” impuesta por Vox cumple una función fundamental que está pasando desapercibida para el común de la izquierda en Andalucía, perdida muchas veces en consideraciones morales o en cuestiones legales que no van a la raíz del problema. Ésta no es otra que el de crear una división en el
seno de la clase obrera en Andalucía con el fin de salvaguardar una reserva de mano de obra a la que explotar en las condiciones más favorables, esto es, en las condiciones más denigrantes, inseguras y humillantes; y es que la llamada “prioridad nacional” y sus consecuencias se ajustan como anillo al dedo a las necesidades de importantes sectores de la economía andaluza, especialmente, el agrícola, la hostelería y la construcción. Por tanto, los debates morales y legales sobre la “prioridad nacional” , aunque puedan tener su función a la hora de movilizar determinadas conciencias, en realidad, son inofensivas para un Vox que ha hecho bandera de la insolidaridad, la deshumanización del trabajador extranjero, sobre todo si
procede de un país musulmán, y el egoísmo –sálvense solo “los míos”- con el fin de engañar a la clase obrera autóctona o regularizada creándoles la ilusión de disfrutar de unos “privilegios” –es decir, derechos- que son hábilmente presentados como escasos.
Tirando del hilo de las propuestas hechas en el acuerdo PP-Vox, nos encontramos con una sucesiva rebaja de impuestos, eso si presentadas de forma general, es decir, independientemente de la renta, con la que buscan no confrontar directamente con las masas trabajadoras, pero que evidentemente va a repercutir negativamente a las rentas más bajas. Se trata de la implementación de un modelo neo desarrollista intrínsecamente neoliberal que pretende atraer rentas altas e inversiones. Dicho mal y pronto, se trata de desarrollar el modelo madrileño de Ayuso en Andalucía, algo que ya venía llevando a cabo el gobierno de mayoría absoluta del PP de Moreno Bonilla. Inversiones que en la inmensa mayoría de los casos vienen a reforzar la especialización económica andaluza en los sectores ya conocidos –agricultura, turismo, ocio, construcción-, y si acaso, van a reforzar nuestro papel de exportador de materias primas, especialmente recursos minerales, y todo ello a la espera del desarrollo de los polos de producción de hidrógeno verde, con los que la élite que gobierna tanto en Andalucía como en el Estado español pretenden proporcionar energía limpia y barata al sector industrial situado fuera de Andalucía, ya que no hay ni una sola propuesta de industrialización ligada a la producción del hidrógeno verde.
Se hace difícil de explicar tal despliegue de rebaja y eliminación de impuestos cuando existe un consenso generalizado sobre la infra financiación de Andalucía. Sin embargo, es perfectamente coherente con la privatización de los servicios sociales y, sobre todo, de la sanidad y la educación, convirtiéndolos en un “recurso” escaso, que vendría a justificar de nuevo la “prioridad nacional”.
El argumento neoliberal que tanto PP como Vox comparten sin absoluta ninguna diferencia es que la mera actividad económica crea riqueza y eso es, según ellos, lo que le hace falta a Andalucía para salir del furgón de cola; es el culto a la actividad económica por la actividad económica, sin preguntarse a quién beneficia –o perjudica-, en qué condiciones se desarrolla dicha actividad, como se distribuyen los beneficios, y por supuesto, qué impacto tiene sobre el territorio, de ahí que también se haya
colado “la lucha contra el fanatismo climático” de Vox. El “andalucismo” del PP de Moreno Bonilla desarrollado durante la pasada legislatura no es más que la capa verdiblanca para ese proyecto.
Recientemente, el vicepresidente, Manuel Gavira, de Vox, afirmaba que “Málaga es el diamante de Andalucía” y que su modelo turístico se ha de replicar al resto de Andalucía; mientras decía estas palabras, las playas de Málaga permanecían cerradas por el vertido aguas fecales debido a la falta de inversiones en depuradoras por parte de la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga. Lo dicen claramente, se trata de exportar un modelo de súper explotación del territorio y de las personas, con sueldos bajos mientras que la población flotante tira de los precios hacia arriba, y no solo del precio de la vivienda. Un modelo hecho para las grandes fortunas, para el recreo del resto de España y Europa, una economía de extracción colonial, en el que la población trabajadora autóctona e inmigrante está al servicio, a bajo coste, de grandes multinacionales y fondos de inversión.
La “prioridad nacional” española en Andalucía es esta y así se refleja en el acuerdo de PP y Vox, dando continuidad al proyecto histórico de las derechas españolas en Andalucía. Conforme a este espíritu cuadra el nacionalismo español anti andaluz, siempre y cuando lo andaluz no esté sometido e inferiorizado a lo español, siempre que lo andaluz sea tratado como un sub producto de Castilla o del conjunto de pueblos del Norte peninsular; por eso es coherente el odio visceral que le procesan a Blas
Infante y a su gran proyecto de restitución política y cultural del pueblo andaluz al que antes hemos aludido. Este nacionalismo español es un elemento vertebrador necesario, una conciencia útil para hacer de la clase obrera y del conjunto del pueblo trabajador andaluz la carne de cañón necesaria para llevar a cabo su saqueo y legitimarlo, además de ser una carne de cañón dispuesta al enfrentamiento y a derramar su sangre. Parece que no solamente somos territorio de sacrificio, sino también población a sacrificar en un momento dado. Más allá de lo estratégico del territorio andaluz en la disputa por la hegemonía mundial, la militarización del pueblo andaluz va en esta línea.
Llegados a este punto y como conclusión presentamos dos elementos para el debate y la acción política en la izquierda soberanista andaluza que de verdad aspira a un proceso democrático y popular de liberación y soberanía nacional andaluza y construcción socialista:
El primero es el debate sobre el fascismo. Por un lado, hasta qué punto las ultra derechas se pueden calificar como fascistas, dado que, como hemos explicado antes no se trata de un concepto fosilizado en momentos y lugares concretos. Para afilar más, ¿Dónde termina la ultra derecha y dónde empieza el fascismo?, ¿se pueden calificar estas nuevas derechas extremas como neofascistas? , ¿qué implicaciones tendría este debate en el contexto andaluz?
El segundo se refiere a la incapacidad de la izquierda, especialmente, las izquierdas españolas para alumbrar un proyecto alternativo al de las derechas respecto a Andalucía. Décadas de gobierno del PSOE, en solitario como con Izquierda Unida o con el desaparecido Partido Andalucista apenas si se han diferenciado, más allá de matices, del de las derechas.
Frente a la “prioridad nacional” de los representantes políticos del gran capital imperialista español, hay que construir la prioridad de la nación andaluza que no es otra que liberarse, ser soberana y reconstruirse en base al protagonismo obrero y popular.
Por Antonio J. Torres.



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