Recientemente ha empezado a emitirse en un canal de TV privado la serie «Sandokán», basada en el personaje de ficción creado por el escritor italiano Emilio Salgari.
Sandokán es un «pirata» que lucha contra el imperialismo británico, la piratería en realidad era una forma de sobrevivir en un mundo terrible, que desemboca en una lucha abierta por la libertad del pueblo del sultanato de Brunei. El contexto histórico es el de la alianza entre el Imperio Británico y dicho Sultanato, en la Isla de Borneo, a mediados del siglo XIX.
En esa época el sultanato tenía minas de antimonio, material necesario en el proceso de construcción de maquinaria en plena Revolución Industrial.
En esas minas el antimonio lo extraían personas sometidas a la condición de esclavos por el sultán.
El sultán recibía un dinero por el antimonio de los británicos (imperio al que no le importaba para nada como se extraía) y los británicos se forraban con los beneficios de sus industrias. El negocio era tan redondo que el sultán cedió a los británicos un enclave, Labuam, para establecer un consulado, es decir un territorio británico con guarnición militar.
La obra de Salgari es un alegato contra el imperialismo y la esclavitud, y lo
mejor es que más allá del personaje ficticio de Sandokán se basa en hechos
reales, entre ellos las memorias de Carlos Cuarteroni, capitán de barco y
rescatador de esclavos gaditano.
Los imperios, entre ellos el imperio castellano, crecieron gracias a la explotación de minerales como el oro, la plata, etc. de sus colonias extraídos por esclavos.
Pero lo peor de todo es que el imperialismo y la esclavitud que denuncia
Salgari continúan: las colonias son hoy estados formalmente independientes pero que siguen explotados por los estados imperialistas y sus multinacionales.
En cuanto a la esclavitud esta formalmente abolida, pero se calcula, por
ejemplo, que hay 12 millones de menores en el mundo esclavos.
En la República Democrática del Congo se extrae el coltán, mineral con el que se fabrican teléfonos móviles se hace en condiciones de esclavitud.
La conclusión es que solamente las élites de los estados con riquezas
naturales se benefician de las mismas los demás o son sometidas al trabajo esclavo o a la semiesclavitud de recibir salarios de miseria.
El capitalismo es un sistema criminal que, donde le conviene; en el pasado y en el presente, explota hasta su muerte a esclavos o semiesclavos en los países llamados pobres, pero que son los ricos pues tienen materias primas y al llegar al tratamiento industrial explotan a los trabajadores de los países imperialistas para forrarse.
La gran lección de Sandokán es que la riqueza no la creaban ni la crean los
estados capitalistas ni sus multinacionales ni los «emprendedores», la crea el trabajo de sus esclavos o asalariados y que el único camino para acabar con este sistema criminal de explotadores y explotados es construir el Socialismo en cada nación, donde la clase trabajadora tengamos la propiedad de tierras, fábricas y oficinas acabando con la figura del capitalista que se apropia de nuestro sudor y nuestro trabajo.
Y en Andalucía debemos construir la República Andaluza de Trabajadoras,
independiente del estado español, la Unión Europea y la OTAN, para que el pueblo andaluz podamos gobernarnos.
Por Joan Batlle.



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