Se acerca un nuevo aniversario del asesinato de Blas Infante a manos de las tropas fascistas. Fue en una noche del 10 al 11 de agosto de 1936, en las afueras de Sevilla. Hace 90 años que la burguesía eligió el exterminio físico como forma de acabar con la parte más consciente del proletariado andaluz, incluidos Blas Infante y muchos de sus compañeros.
Ahora que proliferan los y las andalucistas, sustantivo que no dice mucho si no va acompañado por un adjetivo (aún por definir, en muchos casos), es de interés prestar atención brevemente a la distinción que el casareño realizó entre la nación burguesa y el Pueblo Trabajador Andaluz.
La praxis de Blas Infante se sitúa fundamentalmente en el periodo de Entreguerras, con una Revolución bolchevique palpitante y joven, y una Sociedad de Naciones (antecedente de la actual Organización de las Naciones Unidas) cuyo papel como instrumento del imperialismo había denunciado ya nuestro notarioi.
Blas Infante rechazó el principio de las nacionalidades aplicado por la Sociedad de Naciones tras la Gran Guerra y afirmó que “el carácter de un país es quid que solo puede llegar a ser comprobado a través de una larga historia, y no precisamente política, sino cultural”ii. Recusó la lógica imperialista sobre la cuestión nacional impuesta por el tratado de Versalles y a quienes buscaban, fundamentándose en ella, trazos de una institucionalidad cercana en el tiempo para distinguir las naciones sin Estado, acreedoras de este, de los pueblos que no lo merecían.
Blas Infante rechazó que Andalucía fuera simplemente una nación (en el sentido burgués que daba al término la Sociedad de Naciones) y afirmó que era un “ser”iii: “Un ser verdadero, una realidad viva y palpitante” cuya personalidad era “contraria a esos intereses” burgueses. “Defender la libertad de la tierra de Andalucía es defender la base de su verdadera liberación, es expresar su primaria aspiración a ser”. Así, explicó que el andalucismo revolucionario había asumido la denominación al uso de nacionalista con el objetivo de “impedir que los intereses que atacamos vengan a apoderarse de esta bandera” y garantizar, en cambio, que “sirvan para la obra efectiva de liberar espiritual y económicamente al pueblo andaluz”iv. Habla aquí de una liberación económica que suena poderosamente similar a la que refiere el artículo 4.d) de la Constitución andaluza de 1883, que declara como fin de la Federación “la independencia económica de todos”.
Infante defendió que la praxis del andalucismo revolucionario tenía la pretensión de “restaurar un pueblo”. La de revolucionario no es una denominación al azar. El mismo Infante explica en 1931: “Nos vinimos a denominar así porque queríamos llenar el nombre de República con un contenido verdaderamente revolucionario”v. Pero, volviendo al tema que nos ocupa, el casareño afirmó que si hubieran considerado simplemente a Andalucía “una nación al uso” habrían confundido “su interés nacional con las acostumbradas reivindicaciones que denominan prácticas los políticos”, es decir, los políticos a sueldo de la burguesía. De haber seguido por ese camino del nacionalismo burgués, Infante especificó: “Hubiésemos llegado a probar, como algunos desgraciados lo intentaron, en la época a que me refiero, el que en Andalucía no había latifundios”. Una tesis que combatió con “indignación juvenil”vi. Aludía aquí a las polémicas que mantuvo con José Gastalver y el regionalismo burgués en Sevilla durante sus primeros años de actividad política. Casi veinte años después de que ambas corrientes “andalucistas”, la reaccionaria y la revolucionaria, se deslindaran en la Asamblea de Córdoba de 1919, nuestro notario no desaprovechó la oportunidad en su obra Fundamentos de Andalucía para señalar que los intereses de clase que este “andalucismo” de Gastalver defendía poco tenían que ver con las clases populares.
Blas Infante llamaba al pueblo andaluz “mi pueblo jornalero”, cuando narraba su visita a Casas Viejas tras la masacre de trabajadores a manos del Gobierno de la II Repúblicavii en 1933. Y es que para él la categoría jornalero engloba a todo el Pueblo Trabajador Andaluz por el que vivió y murió: “En la clase jornalera podemos incluir: trabajadores del campo, oficiales artesanos, obreros de las industrias”viii. Son ellos los andaluces y andaluzas “de verdad”: “Andaluces de verdad porque constituís las clases más numerosas de la sociedad andaluza: Andaluces de verdad porque en las clases plutócratas e industriales andaluzas, la sangre de Andalucía no está pura como en las venas nuestras”ix.
Para él, liberar el ser del pueblo suponía reencontrarse con su historia porque “Andalucía jamás fue un pueblo servil”x y, con el transcurso de los siglos como pueblo conquistado, desarrolló naturalmente unas formas organizativas alejadas de las imposiciones del capital y la ley del valor: “Europa es el feudalismo territorial e industrial. Andalucía, el individualismo libertario que siente el comunismo humano, evolutivo, único comunismo indestructible por ser natural…”. Infante retoma esas formas como una identidad-resistencia que rechaza de forma subrepticia la integración de Andalucía en el sistema-mundo capitalista. “Ese único comunismo posible que no puede llegar a crearse por artificio maquinista, sino por la alegría y por el espíritu que la alegría viene a crear”xi.
Sus palabras han de servirnos de guía hoy. El momento actual de crisis mundial, crisis del imperialismo estadounidense que nos empuja a guerras por todas partes para renovar su hegemonía, y de lento pero ininterrumpido ascenso de un “andalucismo” poco definido es más necesario que nunca tener en cuenta que la Andalucía por la que luchó y murió Blas Infante era la del Pueblo Trabajador Andaluz. Él eligió defender sus intereses y no los de la burguesía, y junto a decenas de miles de andaluzas y andaluces, fue asesinado y enterrado en una cuneta. Aún no se han encontrado sus restos. Su guía es imprescindible para todas aquellas que quieran comprometerse en la lucha por la liberación de Andalucía.
Carlos Ríos.
Granada, 10 de agosto de 2026.
Notas
iRíos Martín, J. Carlos (2026): Blas Infante: Andalucía y revolución. Granada, Hojas Monfies, p. 67 y 68.
iiInfante, Blas (1983): Fundamentos de Andalucía. Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 124.
iiiInfante, Blas (1983): Fundamentos de Andalucía. Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 132.
ivInfante, Blas (1983): Fundamentos de Andalucía. Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 136 y 137.
vInfante, Blas (1978): La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía. Granada, Aljibe, p. 35.
viInfante, Blas (1983): Fundamentos de Andalucía. Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 133.
viihttps://confidencialandaluz.com/las-rosas-blancas-de-seisdedos-de-los-jornaleros-de-casas-viejas-y-de-blas-infante-cubierto-de-barro-sangriento/
viiiInfante, Blas (1982): Ideal Andaluz. Sevilla, Fundación Blas Infante, p. 86.
ixInfante, Blas (1919) “La patria españolista” en VV.AA. (2019): Blas Infante: revolucionario andaluz. Granada, Hojas Monfíes, p.14.
xInfante, Blas (1978): La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía. Granada, Aljibe, p. 62.
xiInfante, Blas (1978): La verdad sobre el complot de Tablada y el Estado Libre de Andalucía. Granada, Aljibe, p. 65.



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